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El centro: agitación

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En cada remodelación o reconstrucción de algunos puntos del centro cuernavacense siempre han aparecido oportunistas, entendiendo entre ellos a dirigentes (a veces espurios) de comerciantes fijos, semifijos y ambulantes.

Pero también incluyo a politiqueros conocidos por su vocación advenediza y ansia de posicionarse electoralmente. Es más, sin temor a equivocarme puedo afirmar que ambos grupos siempre van de la mano. Las obras emprendidas en tan importante zona de nuestra capital por Graco Ramírez no han sido la excepción. Cuando la Secretaría de Obras Públicas a cargo de Patricia Izquierdo arrancó la reconstrucción de la calle Guerrero y la Plaza de Armas aparecieron saboteadores. Hasta ciertos líderes de la Canaco quisieron sacar raja de la situación.

Y lo mismo hicieron quienes encabezan a fenicios de las plazas Lido y Degollado, otrora beneficiados gracias al clientelismo político y la corrupción. Antes de seguir con el tema quiero referirme al espacio público, ese que desde hace muchos años perdimos los cuernavacenses debido al solapamiento de los alcaldes en turno.

Dicho espacio es el lugar donde cualquier persona tiene el derecho de circular, en oposición a los espacios privados, donde el paso puede ser restringido, generalmente por criterios de propiedad privada, reserva gubernamental u otros. Durante el trienio de Sergio Estrada Cajigal (1997-2000) se reubicó a gran cantidad de vendedores ambulantes en las plazas Lido y Degollado. El 6 de julio de 1998 SECR firmó un convenio con la Canaco, entonces presidida por José María Román, teniendo como testigo a Gerardo Becerra, hoy vocero de la Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos (CMMC).

Los participantes en la firma avalaron el traslado de los comerciantes ambulantes a dichas plazas suponiendo que de esa manera resolverían la invasión del espacio público en el Centro Histórico por parte de quienes, en aras de desarrollar una actividad lícita, realmente convirtieron la zona en algo parecido a los zocos de Calcuta. Se acordó impedir la autorización de más licencias para ambulantes y otras cuestiones más, pero aquellas soluciones fueron temporales. Los siguientes alcaldes propiciaron una nueva invasión… tal como ocurre hoy en día.

Cuauhtémoc Blanco no es la excepción, pues su administración municipal tolera y fomenta la proliferación de nuevos comerciantes semifijos y ambulantes. Por cierto, las plazas Lido y Degollado padecieron una grave especulación por parte de líderes corruptos que se apoderaron de los mejores locales.

Son los mismos que ayer hicieron alharaca, azuzados por “grillos”. En este contexto, Eduardo Peimbert, presidente de los comerciantes del centro cuernavacense, consideró como ilegítimas sus demandas para evitar el cierre de determinadas calles y la apertura de Guerrero. Luego seguimos con el asunto.

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