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A CADA QUIEN SU PISO

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En el lenguaje político se ha vuelto una moda hablar de “pisos”. Y es que, como en todo, hay de pisos a pisos. Existen pisos sin piso: los que son de tierra apisonada. También los hay de concreto: son esos pisos que estuvieron de moda durante algunos sexenios en que el gobierno en turno les llamaban piso firme y a cada “informe” se presumían los metros que conformaban kilómetros de ese piso que se habían colocado en casas que antes tenían pisos de tierra apisonada. Presumiblemente, dichos pisos podían ser revestidos y por tanto, de acuerdo al material escogido y la habilidad del colocador del piso, resultarían fáciles de limpiar, en tanto los que no tuviesen esas cualidades, resultarían disparejos hasta para caminar sobre ellos.

Los pisos, entonces, pueden ser de muchos materiales: los pisos de Palacio Nacional por los que anduvieron Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador y que tantos memes motivaron durante estos días, son de maderas por tanto aromáticos y seguramente talladas por profesionales de otros tiempos. Hay pisos, en cambio pretendidamente disparejos y les llaman rústicos; los hay de mármol pulido, de granito. Hay pisos por los que se debe tener mucho cuidado al caminar porque son resbaladizos…

¿Y por qué tanto hablar de pisos? Pues me motiva el hecho de que a partir de ese parteaguas que significó la elección pasada, hay muchos mexicanos a quienes se les ve como suspendidos en el aire y por lo mismo que perdieron el piso.

¿O qué? ¿Acaso a los partidos políticos, por ejemplo, no parece habérseles movido el piso? Hablo de los que perdieron, de los que se desdibujaron aún sin perder por estar asociados al ganón-ganón y que, por cierto, no es un partido en forma, sino un movimiento, tal como se titula a sí mismo Morena.
Pero los demás, los que no alcanzaron más que uno que otro voto de algún despistado que ante la enorme oferta en las boletas electorales se equivocó…esos partidos no sólo perdieron piso, sino canonjías que de seguro es lo que más les interesa.

Sin piso se quedaron también los que se pusieron a protestar por pura pasión por la protesta; esos chicos que trabajaron con ahínco para Luis Miguel Barbosa y que a la mera hora se dieron cuenta de que los votos favorecían a Marta Erika Alonso. Cegados por la falta de resultados favorables, olvidaron la máxima del Peje que vía su ilustre y futura Secretaria de Gobernación, doña Olga Cordero, le recomendó “dialogar”, “dialogar” y “dialogar” para arreglar lo que haya que arreglar y así evitar que muebles e inmuebles acaben hechos añicos. Por cierto, según le escuché a la señora Cordero, la de “diálogo” es la consigna que se tiene para todos los grupos que se aprestan a protestar: así sean los maestros, si bien ellos más que dejarse llevar por el diálogo, ya sabemos que es por la dádiva. En fin, que todo comienza con la “d” de dinero.

Piso también es el que se les ha movido a los ex presidentes que ya se dieron cuenta que va en serio la promesa de AMLO de cortarles sus generosas pensiones vitalicias.

En tanto a quienes no se les ha movido el piso porque prometieron ajustarse a las nuevas disposiciones económicas de AMLO es a chicos y alguna que otra chica del gremio empresarial, del industrial, del económico de este país… Y claro, no se les ha movido el piso porque como decía al principio existen diferencias entre pisos y pisos. Hay unos pisos a los que ni siquiera se les apoya el polvo, pisos a los que todo se les resbala.

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