martes, 11 diciembre, 2018
Cuernavaca La Principal

Cristo articulado del siglo XIX regresa a Acapantzingo

Un Cristo articulado del siglo XIX regresó a la Parroquia de San Miguel Arcángel, en el barrio de Acapantzingo, en Cuernavaca, Morelos, luego de que especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concluyeran su restauración.
La figura había sido dañada durante el sismo de 2012, cuando cayó de la cruz y sufrió numerosas fracturas en pies, hombros y cuello, por lo que fue retirada para su restauración.

Los expertos concluyeron la restauración y recuperaron la policromía original que muestra el dramatismo del cuerpo inerte de Cristo con heridas y laceraciones de la Pasión, destacó el INAH, en un comunicado.

La pieza fue entregada a miembros de la comunidad de Acapantzingo, quienes junto con una banda de música escoltaron al Cristo desde el Taller de Restauración del Centro INAH Morelos hasta el atrio de la parroquia, ubicado en la acera de enfrente, al tiempo que repicaban las campanas y lanzaban cohetones en señal de júbilo por su retorno.

En el atrio lo esperaba un catafalco en el que fue colocado para su conservación y veneración de los fieles que lo recibieron con aplausos y globos blancos y amarillos.

En el acto, el director del Centro INAH-Morelos, el antropólogo Víctor Hugo Valencia, señaló que la intervención de este Cristo significó estrechar los vínculos con la comunidad de Acapantzingo, con la que diariamente conviven los especialistas de la institución, ya que les permitió restaurar un bien histórico mueble que para esta localidad representa una imagen de gran devoción.

Durante la ceremonia se firmó el acta de entrega-recepción del Cristo del siglo XIX, por el antropólogo Víctor Hugo Valencia y el presbítero Álvaro del Carmen Masis Solano, y se proporcionó una copia del informe técnico de la intervención.

Asimismo, el párroco entregó un diploma de reconocimiento a los especialistas por la restauración de la pieza religiosa.

La restauradora Elda Anrubio Vega, responsable del proyecto de intervención, informó que el Cristo —de 1.40 m de alto x 40 cm de ancho— se utilizaba en procesiones y participaba en la representación de la Crucifixión durante la Semana Santa, por lo que antes de la caída ya presentaba varias intervenciones no profesionales.

Además de modificaciones estructurales y funcionales, la más notoria en las piernas para hacerlas articuladas y poder escenificar el pasaje bíblico del viacrucis, pero después fue inmovilizado nuevamente mediante un cendal hecho de pergamino, que aún conserva.

La especialista señaló que como parte de la restauración se estabilizó la estructura y se unieron los fragmentos de los pies y los ensambles fracturados, también, se rehabilitaron los goznes, en tanto que las cubiertas de piel reseca y desgarrada se sustituyeron con piel de vacuna nueva que permite la flexión de las articulaciones.

La pieza se sometió a un proceso de limpieza y se retiraron varias capas de repintes, aplicadas a lo largo del siglo XX, hasta llegar a la policromía original. “El rostro rígido y sin expresión del Señor de Acapantzingo pasó a ser una pieza de gran dramatismo y belleza”, expresó.

Añadió que por motivos de conservación, el Cristo de Acapantzingo ya no estará crucificado ni saldrá a procesión; ahora fue colocado en una urna de forma permanente, similar a las que protegen a las imágenes del Cristo del Santo Sepulcro.

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