sábado, 24 agosto, 2019
Hasta la Cocina Opinión

¿TRIUNVIRATO DE LA MODERNIDAD?

Dicen que le está dando vueltas al asunto. Mejor dicho, que son varios los asuntos a los que les está dando vueltas. Y lo cierto es que si supiera bien a bien qué es un laberinto, creería haber caído en uno. O por lo menos en una trampa de la que podría costarle mucho tatar de salir de ella indemne.
La pregunta que le revolotea sobre la cabecita, le hace ruido y hay momentos, así sean cual furtivo relámpago, que le hacen tronarse los dedos, es la de si es posible, si es factible, si hay manera pues, de que en Morelos vaya a gobernar un triunvirato, en cosa de 75 días.
Si nos remontamos a la historia, concretamente a la Roma de los Césares, recordaremos que se le denominó «Primer Triunvirato» a aquel que duró 7 años, y se enmarcó entre los años 60 y 53 a. C. conformado por las alianzas de los tres líderes romanos de la época: Licinio Craso, Julio César y Pompeyo Magno. Pese a los siglos de distancia, las cosas de la política de entonces se daban casi como se dan ahora.
Según se atestigua Pompeyo quiso gobernar de forma directa, solito pues, y para ello contaba con el apoyo del senado romano. Pero fue dándose cuenta que aquello no era suficiente, ya que para gobernar requería tener de su lado también a los comerciantes, es decir los que controlaban las finanzas en Roma; de ahí que para lograrlo se alió con el comerciante más prominente del momento y que era ni más ni menos que Marco Licinio Craso; eso a pesar de que la de uno y otro eran personalidades tan disímbolas que chocaban entre sí por cosas del carácter inestable de uno y de otro.
Todo eso venía dándose en tanto para Julio César, el tercer miembro del triunvirato, resultaba indispensable emprender alguna campaña militar con la que cimentaría su renombre (dado que las victorias militares eran vistas como una fuente de fama y, por supuesto, de botín) y así posicionarse políticamente. Para remarcar su poder y al estilo de la época tanto de la de entonces como de la de ahora, Julio César propició la alianza matrimonial de su hija Julia con Pompeyo, en tanto se dio a tejer otra alianza, esta de carácter económico, con Marco Licinio Craso, quien le financió la llegada al consulado en el año 59 a. C. Aunque éste tipo de alianzas eran de lo más socorrido en la vida política de finales de la República, la combinación de riqueza, popularidad y experiencia militar que tenían en conjunto los tres personajes, les permitieron acaparar (para sí y sus aliados) las principales magistraturas romanas.
Ese primer triunvirato alió a tres personalidades que no tenían mucho en común, a no ser la ambición de poder: Pompeyo no tenía buena relación con la nobleza tradicional; por su parte, Marco Licinio Craso que era hombre poderoso por su inmensa riqueza, se murió poco después de conformar el triunvirato, al parecer por tantos disgustos que le provocó esa alianza; en tanto Julio César tenía la habilidad del auténtico político, y entre otras cosas resolvió brillantemente la conquista de las Galias, lo que acrecentó su fama. Pero ese primer triunvirato de los tiempos de la Roma republicana, se disolvió como era de esperarse: muerto Marco Licinio Craso, Pompeyo, envidioso de la gloria militar ajena rompió con Julio César y se reconcilió con la nobleza.
¿Qué tal la historia del primer triunvirato, eh? En cuanto al segundo, sólo recordaremos que lo conformaron Marco Emilio Lépido, Octavio y Marco Antonio, y que todo naufragó cuando Cleopatra, la reina de Egipto que tuvo amores y un hijo con Julio César, se enamoró de Marco Antonio y le prestó uno barcos para ganar la batalla de Actium. Poco después, el segundo triunvirato pasó a la historia sin pena ni gloria.
O sea que la historia se repite. Y que treinta siglos después, podríamos estar a punto de contemplar un nuevo triunvirato…no en Roma, sino en Morelos.

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