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Hasta la cocina 11-nov-2016

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CASTIGO A CULPABLES

Toda la solidaridad para esos padres a quienes no les queda más que el dolor de sobrevivir la muerte de sus hijos.

No hay nada que apague el sentimiento de impotencia ante el tan terrible sufrimiento que seguramente embarga a una familia cuyos hijos salieron de su casa una tarde, para no regresar vivos jamás. Nada mitiga el desconsuelo y el dolor indudablemente se prolonga al conocer a los culpables que victimaron, en un acto brutal e inhumano, a cuatro jóvenes cuyos padres quedaron inermes.

¿Qué sentimientos embargan a una madre, a un padre, cuando se enfrentan al hecho de conocer a los autores de la muerte de sus hijos? ¿Cuál puede ser la reacción? Nadie más que quienes viven tan terrible experiencia saben lo que eso significa. Nadie más.

¿Qué les queda a esos padres sino reclamar lo que conocemos como “justicia”? ¿Qué otra cosa que no sea pedir a las autoridades que esos asesinos reciban el castigo que la ley les debe imponer? En el caso de los cuatro jóvenes de Yautepec, las autoridades hicieron, hasta el momento, lo que les corresponde: dieron rápidamente con los asesinos; los capturaron y sometieron al procedimiento judicial, que debe ser escrupuloso, para imponer a los culpables el merecido castigo.

No sólo, sino que esos padres deberán seguir atentos a que los culpables reciban realmente el castigo y no queden libres en tanto no purguen su delito. Con esto, las autoridades les allanaron a los padres de las cuatro víctimas el camino para superar el primer, amargo paso, que significa enfrentar un hecho tan funesto y doloroso, así como resolver los problemas inmediatos que esto les provocó.

Sin embargo, y así parezca increíble, no faltó el “aprovechamiento” de quienes -léase Alejandro Vera y sé- quito- sin respeto alguno al inmenso dolor que están viviendo esos padres, quisieron sacar raja armando mitotes, pretendiendo como siempre culpar a la autoridad de sucedido y de todo lo malo que ocurre. Eso porque para ellos resulta políticamente ventajosa esa actitud que, especialmente en casos como este, amerita la desaprobación de todos.

A seres tan cuestionados como Alejandro Vera y séquito, la siembra de confusión les da vigencia en un mundo estremecido ante la violencia que se dispersa precisamente porque hay gente así, gente interesada en que la sangre llegue al río.

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