DISRUPTORES EN MORELOS

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El término disruptivo procede del inglés “disruptive” y se emplea para definir aquello que produce una ruptura brusca. Por lo general se utiliza en sentido simbólico, cuando nos referimos a algo que genera un cambio muy importante o determinante.

Puede aplicar a personajes específicos dentro del sector privado o público, quienes están rompiendo paradigmas, quiérase o no aceptar. Es una tendencia que aparece vez tras vez en distintas partes del mundo.

Hay politólogos que consideran que la disrupción en la política está provocando la destrucción de las democracias.

Un disruptor lo fue el año pasado Donaldo Trump, presidente número 45 de los Estados Unidos, quien de variadas formas rompió creencias ancestrales con relación a la democracia de esa nación. ¿Ha tenido costos esa disrupción? Desde luego que sí, pues ha estado acompañada de desorden y dolor, dentro y fuera de la Unión Americana, aunque podría permitir reformas trascendentales.

Eso precisamente sucede con frecuencia dentro del empresariado… si está dispuesto a derrumbar sus procesos tradicionales para darle paso a las nuevas reglas del mercado y a las nuevas tecnologías. Teóricamente, los empresarios deberían estar acostumbrado a la innovación.

El 4 de enero de 2017 leí (y lo guardé) en “El Financiero” un interesante artículo de Ana María Salazar titulado “Año de Disruptores”, donde la politóloga se refiere al impacto de los disruptores en el plano político.

Estableció una diferencia entre los disruptores del sector privado y los de la política: “Los primeros destruyen y promueven el caos como una forma de crecer y asegurar la supervivencia de sus empresas, pero en la política destruyen para obtener poder. Y dependiendo del ‘disruptor’ político esto puede permitir una transformación que verdaderamente permita impactar positivamente en los bolsillos de la población, dar seguridad y justicia, además de promover una cultura democrática. En caso contrario, un disruptor va a usar su poder y credibilidad para transitar a un sistema autoritario y corrupto (…) Están resultando ser agresivos, mentirosos y dispuestos a tomar cualquier paso necesario para poder acceder al poder”.

En Morelos vimos a partir de 2016 la aparición de algunos disruptores, que sin duda alguna se perfilarían hacia la búsqueda del poder en el proceso electoral de 2018.

Dos de ellos fueron el ahora alcalde con licencia de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, hoy candidato a la gubernatura por los partidos Morena, PES y PT; y el ex rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, actualmente abanderado gubernamental del Partido Nueva Alianza. Al segundo de ambos no le favoreció la marca del Panal. Puede usted, gentil lector, realizar una pequeña encuesta, y cualquier número de personas le dirá que se equivocó garrafalmente en dos aspectos: peleándose de manera estéril con el gobernador Graco Ramírez, y aceptando la candidatura de un partido desprestigiado.

A los disruptores de la política, el descrédito del “statu quo” les otorga poder y credibilidad.

Tocante a la disputa por la gubernatura, es indudable que la elección del 1 de julio próximo será entre tres o dos. Ya mencioné a Cuauhtémoc Blanco, pero agregaré a Rodrigo Gayosso Cepeda, de la coalición PRD-PSD, y a Jorge Meade Ocaranza, del PRI. Sin embargo, no debe subestimarse a Víctor Caballero Solano, de la alianza PAN-Movimiento Ciudadano, sobre todo entre el electorado urbano. Fuera de ellos, y escribiré lo siguiente con el respeto que los demás candidatos y la candidata me merecen, no hay tela de dónde cortar. Al ex rector Vera, insisto, no le ayuda en nada el partido que representa.

UN MONTÓN EN CUERNAVACA

La elección del 1 de julio venidero representará un galimatías para los electores, pues recibirán seis boletas en las mesas de votación: para presidente, senadores, diputados federales, gobernador, presidentes municipales y diputados locales.

Verán en las boletas un sinfín de fotografías de personas desconocidas para ellos, en su mayoría, y si acaso identificarán a los candidatos a la presidencia de la República, a los aspirantes a la titularidad del Poder Ejecutivo de Morelos, a quienes buscarán ser presidente municipal de su localidad y tal vez a algún candidato a diputado local. Y pare usted de contar.

Imagine usted la situación de la boleta electoral que se entregará para la elección de presidente municipal de Cuernavaca, misma que contendrá nueve fotografías de igual número de candidatos. Son los siguientes: Julio Yáñez Moreno, de la coalición PRD-PSD-Verde Ecologista; Víctor Saucedo Perdomo, PRI; Javier Bolaños Aguilar, PAN-Movimiento Ciudadano; muy probablemente estará la foto de José Luis Gómez Borbolla, de la alianza partidista Morena-PT-PES; Fernando Martínez Cué, del Partido Nueva Alianza; Harry Nielsen, Partido Humanista; José Luis Urióstegui Salgado, candidato independiente; Armando Haddad Giorgi, también independiente; y Luis Antonio Flores García, otro independiente.

Igual que con la disputa por la gubernatura, en Cuernavaca la lucha se cerrará entre Julio Yáñez Moreno, Javier Bolaños Aguilar y Víctor Saucedo Perdomo, pero en caso de presentarse el voto en “cascada”, Gómez Borbolla daría la sorpresa. Sin embargo, será una lucha de estructuras partidistas locales contra López Obrador y Cuauhtémoc Blanco.

Sea quien sea el futuro presidente municipal de Cuernavaca, cuya toma de posesión será el 1 de enero de 2019, deberá enfrentar la crisis financiera que le será heredada, con un presupuesto destinado en casi 80 por ciento al gasto corriente y la dependencia absoluta de participaciones federales y estatales. El nuevo alcalde en turno, asimismo, se topará con la decadencia que presenta nuestra ciudad en muchas colonias.

CAUSAS DE LA DECADENCIA

¿Qué ha causado la decadencia de Cuernavaca? No responderé yo sino un excelente artículo que encontré en internet y que ustedes pueden leer en la dirección http://www.ehowenespanol.com/evitar-decadencia-urbana-como_47735/, cuyo título es “¿Qué causa la decadencia urbana?”, escrito originalmente en inglés por algún contribuyente anónimo en el portal denominado “eHow en Español”. La traducción se atribuye a Andrés Marino Ruiz.

La decadencia urbana sucede cuando parte de una ciudad cae en deterioro o abandono. Las características del decaimiento incluyen altas tasas de desempleo, elevados índices delictivos, despoblación, paisajes desolados, edificios abandonados y familias separadas. La decadencia urbana no es por una sola causa sino por la combinación de varias, incluyendo urbanización precaria, pobreza, suburbanización y discriminación racial. ¿Algún parecido con Cuernavaca?

Esto lo escribo yo: la urbanización pobre incluye el florecimiento de nuevos asentamientos humanos en condiciones de precarismo. Casi siempre se trata de colonias irregulares cuyos moradores no disponen de servicios públicos. Y esa misma gente consigue empleo precarista en el mercado laboral.

Si algo caracteriza a Cuernavaca es la existencia de muchos sectores informales posesionados hoy del espacio público para sus actividades económicas ilegales. Generaron lo que he identificado como “zonas de tolerancia” o “zonas de excepción”.

Así podemos constatarlo en el Centro Histórico, en el mercado “Adolfo López Mateos” y en la colonia “Patios de la Estación”, por citar tres prototipos del grave rezago cuernavacense. Y ni qué decir sobre lo que acontece en todos los barrios y poblados. Finalizo con la siguiente reflexión: quien resulte triunfador en la elección de alcalde cuernavacense, además del voto popular, deberá poseer la suficiente pericia para coordinarse de manera plena con el siguiente gobernador.