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CIRCUNSTANCIA ES DESTINO

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Y entonces llegaron los justamente enojados, los legítimamente indignados, los que probablemente aún no habían decidido si lo que padecían era enojo, indignación o sólo pretendían mostrar la validez de sus razones, muy bien pensadas. Pero aquel conjunto que mostraba el arrebato razonado e irrefrenable, arremetieron contra vidrios, muebles, puertas, paredes, y lo que encontraran o se apareciera en su camino…

¡Tenga!… ¡Tome!… ¡Cáigase!… ¡Va esto y esto más! Los vidrios se estrellaban y caían en mil pedazos; los muebles, especialmente los que no resultaban demasiado pesados volaban por los aires, a veces esquivando cabezas y cuerpos, otra centrándolos en pleno; las paredes sí resistían, las puertas un poco menos…

Aquella turba enardecida que entró a las oficinas del PAN poblano bien sabía a lo que iba: a lo de siempre que pasa una elección y hay quien pierde ante quien gana en esto que llamamos democracia y que desde hace algunos años tiene interpretaciones por demás bizarras.

Lo que hay que decir, a todo esto, es que aún no se había declarado ganador a nadie por lo que como bien dicen, la moneda con la cara del ganador y la cruz del perdedor, aún estaba en el aire. Todo ello a causa de un problemín cibernético, algo similar a lo que, si podemos recordarlo, conoce muy bien Manuel Bartlet, ese ilustre hoy morenito originario por cierto de Tabasco, pero que apelando a no sé bien a qué ley de origen, en sus tiempos priístas fue gobernador de Puebla. Bartlett es recordado como el secretario de gobernación al que se le “cayó el sistema” en el conteo de votos de aquel fin de sexenio en que medio mundo aseguraba que la elección la había ganado el PRD y los priístas se la estaban robando, arrebatando, les hacían chanchullo.

Así las cosas, como aún no se daba el nombre del ganador y el conteo iba parejo, pero tirando a perdedor al ilustre Miguel Barbosa, morenito de reciente cuño, podría creerse que la turba actuaba en previsión, es decir futureaba para que a los que evidentemente eran los cercanos a Barbosa, no les fueran a decir que habían perdido.

¿Cómo, pues? ¿Perdedores los morenitos de Barbosa? ¡A que no! Y entonces, todo fue voltear la mirada hacia los objetos que había a la vista y mejor aún, a la mano y tómala pinche pared, tengan vidrios ojetes, a estrellarse méndigas puertas… ¿Y esas computadoras en las manos impías de los panistas? ¿Y esos archivos aún intactos? ¡A aquellas y a esos vamos a destriparlos porque son los que darán las pruebas fehacientes del robo perpetrado en contra de nuestro siempre seguro ganador al que le quieren hacer de chivo los tamales!

La fiesta democrática del pasado domingo electoral tuvo de todo y en ese todo no podía faltar ¡cómo iba a faltar! el arrebato de la turba inevitable en las tribus y que ¡finalmente! están ante el triunfo que les da la posibilidad de actuar como antes lo hacían, pero ahora sí, justificadamente y a priori, no como en esos tiempos en que llegaban a sufrir la redada, la posterior presentación ante el juez, el ser llevados a los separos y ahí la espera de la libertad mediante el pago colectivo de multas impuestas para evitar la cárcel.

¡Ah qué días aquellos, cuando los dedos en alto con la “V” de la victoria, salían del encierro y se prometían a sí mismos alcanzar los tiempos en que se les haría justicia y todos podrían desquitarse como ahora en Puebla con muebles y máquinas y uno que otro ser humano que no previó que sería arrollado en ese momento por la justa justicia obtenida por el pueblo unido que jamás será vencido.

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