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Welcome back, paisano

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Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, EU se enfrentó al desafío de desmovilizar a aproximadamente 7.6 millones de soldados que tenía apostados en Europa. El país se vio rápidamente sumido en una crisis social, al tener que encontrar vivienda, ocupación, atención psicológica y demás asistencias para una cantidad exorbitante de individuos que prácticamente aparecieron como por arte de magia, en un plazo de dos años, y para los que no existían ni la oferta laboral ni los servicios para ofrecerles un retorno digno y una reinserción aceptable a la sociedad norteamericana.

Hoy, el presidente Trump está poniendo a México en una situación similar, al pretender deportar a cerca de 3 millones de inmigrantes. Sin embargo, el proceso que inicio en 1945 el vecino del norte tiene algunas diferencias sustanciales con respecto a la desmovilización a la que posiblemente se enfrentará México. Para empezar, los mexicanos deportados no están “volviendo a casa”, sino que están abandonando sus empleos, sus aspiraciones y, en muchas ocasiones, a sus familias; lo que se traduce en que una gran mayoría de nuestros paisanos NO quieren volver a México. Además, México no tuvo tiempo para planificar una desmovilización de tal magnitud y el país realmente no cuenta con la infraestructura y la capacidad para acoger exitosamente a un número tan grande de personas.

Ahora, con una tasa de desempleo de 3.4% (según los reportes oficiales), es impensable que el Estado o las empresas existentes puedan absorber una demanda laboral que, además, está habituada a salarios muy por encima de los que se ofrecen en México. Entonces, ¿qué mecanismo puede emplear el Estado para recibir e instalar a nuestros compatriotas en una forma efectiva, respetando sus derechos y que resulte en un beneficio para todos? Mi propuesta: un programa robusto de incentivos y financiamientos para la creación de nano, pequeñas y medianas empresas.

Con esto se podría evitar sobrecargar al sistema laboral actual, las personas deportadas y autodeportadas podrían construir su propio camino y permitiría aprovechar los conocimientos, la experiencia, el apetito de éxito y la capacidad laboral de 3 millones de personas, de forma que, en lugar de enfrentarnos a una crisis humanitaria, tendríamos un capital humano incalculable desarrollando nuevos negocios, oportunidades de empleo y creando bienestar para la sociedad. ¿Qué sería mejor? ¿3 millones de desempleados o 3 millones de empresarios?

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