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¡Y LO QUE FALTA…!

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En la Organización de Naciones Unidas calculan que como pintan las cosas, allá por el 2030, las mujeres alcanzarán la igualdad laboral y la salarial entendida como paridad con el varón. Eso, sin embargo, no comporta la igualdad total, o absoluta, ya que en este aspecto se considera que habrá que esperar otras siete décadas. Y bueno, eso de “absoluta”, es un decir.
Me quiero imaginar entonces que para el 2090, las mujeres que están hoy cubiertas por una burka se despojarán de la prenda, quizá, pero no de las demás telarañas que les han sido impuestas a muchas mujeres por motivos religiosos, o cualquier pretexto misógino ue se nos pueda ocurrir.
En lo que hace a México las mujeres que trabajan fuera de su hogar –habría que señalar que “además” de su hogar— amén de salarios inferiores a los de sus compañeros hombres, saben que tienen menos oportunidades de ascenso y es un hecho que a la hora de los recortes de personal, es más fácil que se decida dejar en el desempleo a una mujer que a un hombre, en muchas ocasiones con el subterfugio de que el hombre tiene que proveer al mantenimiento de la familia. Y digo “subterfugio” porque las estadísticas revelan que son muchas más las mujeres que mantienen a su familia, entre otros motivos por el abandono paterno que se da prácticamente en cualquier estrato social.
Otros datos, que tampoco conforman revelación alguna, nos dicen que el 40 por ciento de las mujeres opina que no hay igualdad ante la ley. Lo puedo garantizar, a despecho de lo que afirman las letras en oro que ostentan los tribunales avalando una ley igual para todos. Tomemos el caso de cualquiera de los cientos que se ventilan en los juzgados de lo familiar. Una mujer en vías de separación de su pareja, se apersona ante el juez que dictaminará el pago de una pensión para la manutención de los hijos. En ese momento iniciará un proceso que puede prolongarse un tiempo indefinido y que significan meses y hasta años de litigio en que regularmente, el individuo se ostenta a sí mismo inexplicablemente “empobrecido”, así viaje en camionetas de lujo y visite diariamente restaurantes de 5 estrellas, lleve relojes que e costaron un millón de pesos, que sabemos que los hay. Aunque fueran unos cuantos meses, es un tiempo en que esa mujer se queda sin el sustento para sus hijos, porque el señor, muy “indignado” aprovecha los recovecos de la ley para evitar pagar la pensión. Mientras tanto, además de proveer al mantenimiento de los hijos, la mujer cargará con el costo de los abogados que llevarán su caso de un tribunal a otro. Sabemos de esto y también de las tácticas dilatorias de los “ex” que con ese sistema llevan a la mujer al desgaste físico y emocional que, en determinado momento las doblega y para acabar con el inagotable pleito aceptan la miseria que el individuo, favorecido por la ley, quiera darle. Eso ocurre, cuando no se da el caso de que, en contubernio con la ley, la saque de la casa donde está “depositada” con sus menores hijos, como ocurrió recientemente en un sonado caso, de un personaje reconocido, rico y eso sí, que se dice y está demostrándose influyente. La impunidad con que actúan individuos de esta calaña nos muestra lo lejana que está la igualdad legal para las mujeres.
A ver si ahora que dicen que las cosas van a cambiar, efectivamente nos encaminaremos hacia esa igualdad tan anhelada en la cuestión de justicia para la mujer y que no haya que esperar otros sesenta o más años.

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