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Una feria decadente

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La decadencia de la Feria Cuernavaca no es nueva. Ha sido gradual durante varios lustros como resultado de una prolongada e histórica red de corruptelas, mala planeación por parte del Ayuntamiento, los caprichos de alcaldes y regidores en turno, el origen viciado del recinto ferial y el impacto del intenso desarrollo comercial propiciado en nuestra capital y su zona conurbada por grandes cadenas de tiendas de autoservicio y departamentales. Sin embargo, la problemática se acentuó en determinados gobiernos municipales, tal como ocurre con el de Cuauhtémoc Blanco, identificado por pelear, de alguna forma u otra, la corrupción y el manejo discrecional del dinero recaudado en el evento.

De entrada, el recinto ferial no es propiedad municipal, sino del ejido de Acapantzingo, donde cada Comisariado impone sus reglas y la forma para distribuir el dinero que le paga el Ayuntamiento. Hasta los estacionamientos son negociados, tanto con la autoridad municipal, como con el comité organizador. Insisto, aunque los terrenos son propiedad social, en el trienio 2000-2003, siendo alcalde el panista José Raúl Hernández Ávila, el gobierno de Cuernavaca pagó al ejido 11 millones de pesos dizque para su adquisición, dinero cuyo destino nunca se aclaró. El recurso salió de la comuna, pero llegó solo a determinados líderes ejidales, con funcionarios municipales en medio, desde luego.

Así las cosas, todas las ferias han partido viciadas de origen (por angas o mangas). Y con Cuauhtémoc Blanco no podía haber excepción. Lo ocurrido el jueves de la semana pasada, cuando apenas se integraba la cabalgata que marcaría el comienzo de la Feria 2017, un sicario asesinó al empresario Juan Manuel García Bejarano, propietario de GB Producciones, quien se encargaría de organizar el evento. Aunque el responsable del artero homicidio se encuentra detenido, la Fiscalía General de Morelos deberá profundizar en sus indagatorias a fin de llegar al o los responsables intelectuales del hecho, caiga quien caiga y pésele a quien le pese.

 Cualquier número de antecedentes previos a la realización de la multicitada Feria, desde el 6 de diciembre de 2016, hasta la semana pasada, cuando GB Producciones reclamaba aún la falta de apoyo municipal en ciertos rubros, apuntan hacia una grave disputa por los recursos. El gobierno municipal de Blanco Bravo y su pandilla, como suelen hacerlo, han pretendido justificarse ante los hechos del jueves anterior, cumpliendo el axioma jurídico de “a justificación no pedida, relevo de pruebas”. Estaremos atentos a los acontecimientos y después diremos. El “Cuauh” y su círculo cercano de funcionarios y asesores externos han resultado un fracaso al frente del Ayuntamiento.

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