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Punto y Aparte 31-08-17

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LA UAEM: AL LÍMITE

El 10 de septiembre de 2015 el rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, se victimizó ante los medios informativos locales y nacionales, cuando reveló que había interpuesto una denuncia de hechos en la PGR porque alguien, desde el interior de la hoy extinta Procuraduría General de Justicia de Morelos, le informó que ahí mismo se estaba gestando un atentado en contra suya y de sus familiares.

A la postre trascendió que aquello pudo ser una broma pesada de Ricardo Dorantes Sanmartín, padre del entonces titular de la PGJ, Rodrigo Dorantes Salgado (hoy delegado de la PGR en Tabasco), debido a que Vera no le cumplió el pago de un supuesto cabildeo en el Congreso local dizque para conseguir la asignación del 2.5 por ciento del presupuesto estatal a la UAEM. Es importante agregar que tocante a la presunta denuncia iniciada por Vera en la PGR nunca se supo nada. El mismo 10 de septiembre de 2015 el rector arguyó que un familiar suyo estuvo a punto de ser secuestrado, lo cual sucedió cerca de Tepalcingo, de donde es originaria su esposa, la doctora María Elena Ávila Guerrero.

Hoy, cuando la UAEM está sumida en la peor crisis financiera de toda su historia debido a los reiterados actos discrecionales del rector y su pandilla, cualquier miembro de la comunidad universitaria conoce el enriquecimiento del matrimonio Vera-Ávila. Y esta percepción existe por igual en Tepalcingo.

¿Cuál ha sido la fuente de esta consolidación patrimonial, evidenciada recientemente por El Sol de Cuernavaca con informes sobre la compra de una residencia, por parte de María Elena Ávila Guerrero, en el lujoso fraccionamiento Paraíso Country Club, con valor superior a los seis millones de pesos? La Dupla Universitaria recibe recursos mensuales por alrededor de 225 mil pesos mensuales por su actividad “académica”. Son de sobra conocidos en Tepalcingo, donde ha sido pública y notoria la forma en que organizan fiestas de manera frecuente, además de cabalgatas y comelitones. La esposa del funcionario universitario tiene una forma de vida ostentosa y tampoco nadie ignora en la UAEM su poder; dícese que influye en las decisiones más importantes.

Para nadie en el círculo allegado a la Rectoría pasa inadvertido el cambio patrimonial de los Vera-Ávila. Cualquiera lo sabe en la comunidad universitaria, pero nadie protesta ni dice nada porque los principales actores políticos de ese mundo están incluidos en la “nómina secreta”, conocida también como “compensaciones”. Les ha tocado una rebanada del gran pastel. Por estas y más razones campea la opacidad, sin la transparencia ni la rendición de cuentas que la Carta Magna de este país exige a las universidades públicas. Afortunadamente, este escenario está a punto de concluir. Habremos de ver el desarrollo de los acontecimientos y aquí diremos. Vera ha burlado de variadas formas la aplicación de la justicia, pero esto ya llegó al límite de lo intolerable.

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