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Punto y aparte 20-dic-2016

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* EL “CUAUH” Y SUS MENTIRAS

Las recientes apariciones públicas de Cuauhtémoc Blanco Bravo, presidente municipal de Cuernavaca, me hacen inferir que, si no era mentiroso, aprendió a serlo una vez convertido en jefe del gobierno capitalino. Antes de seguir con el tema recordaré a la filósofa alemana Hannah Arendt (1906-1975), quien en su libro “Entre el Pasado y el Futuro, capítulo “Verdad y política” (Editorial Península, Barcelona, 1996), resumió de la siguiente forma el “pequeño” defecto humano que conocemos como mentira: “La reescritura de la historia y la fabricación de imágenes sobrecogedoras son lo propio de todos los gobiernos. Me refiero a los estragos de la manipulación de masas”. Es decir: los montajes escénicos frente a la realidad social.

De la misma forma traigo a colación el libro “País de mentiras” (Editorial Oceáno, 2012), de la socióloga y escritora Sara Sefchovich, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, donde analiza la mentira convertida en eje del discurso público y conducta de los políticos, funcionarios y gobernantes. Escribió: “Prefieren engañarnos y mentirnos que reconocer sus errores y fracasos”. Cualquier parecido con situaciones actuales no es mera coincidencia, sino la lamentable realidad nacional. Así que dentro del contexto de la vida pública cuernavacense, el ex futbolista metido con calzador a la política ya aprendió a mentir. ¿Por qué afirmo esto, gentiles lectores? Porque de manera reiterada expresa que ¡no ha hecho nada! Dice lo anterior frente a la posición adoptada por el Congreso local, órgano colegiado que ha buscado fincarle responsabilidades administrativas, políticas y penales tras haber quebrantado el orden constitucional falseando su residencia en Cuernavaca y el Registro Federal de Electores. Aunque los delitos están demostrados, Blanco insiste en que “no he hecho nada, no sé por qué me atacan, no me dejan chambear, todo es un complot”. Etcétera.

Lo peor es que ante el criterio de la mayoría de la población, el alcalde es víctima del sistema político. Como entre la gente prevalece el rechazo a los partidos y las instituciones vinculadas a ellos, surge el lado emocional y el imaginario colectivo a favor del ex americanista y ex seleccionado nacional. Muchas personas tienen fobia por la política; la gran masa no sabe de leyes; durante décadas ha sido bombardeada por los grandes medios de comunicación, sobre todo en materia deportiva (Blanco llevaba casi 20 años convertido en ídolo futbolístico antes de llegar a Cuernavaca); y por lo tanto quienes simpatizan con la causa y postura del “Cuauh” no creen que haya cometido delitos. No. Se los perdonan y desconocen que su triunfalismo deriva de resoluciones temporales para continuar al frente del Ayuntamiento que, por cierto, sigue padeciendo disfuncionalidad orgánica. El “Caso Blanco” no ha terminado. Finalizo enviando mi pésame a la familia del constitucionalista Tomás Osorio Avilés, quien falleció ayer. En paz descanse.

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