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Punto y Aparte 06-09-17

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* PROSTITUCIÓN EN LA POLÍTICA

En cada proceso electoral lo he visto, pero la conducta (a la cual me referiré más adelante) se acentúa cuando se aproxima el cambio de una administración estatal o federal.

Ya lo estamos constatando en la vida pública morelense y tiene vinculación con la efervescencia en todos los partidos políticos rumbo al proceso electoral cuyo arranque está programado el viernes de la presente semana. En lo personal me parece que se trata del falseamiento de la representación. Es una estafa política.

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos señala la naturaleza de los partidos como instituciones de interés público teóricamente destinadas a construir puentes entre la sociedad y el estado.

Sin embargo, ese objetivo no se cumple. La crisis de legitimidad y representatividad de esos institutos políticos es evidente.

Ninguno ha abandonado sus viejas prácticas antidemocráticas y las pugnas internas para darle cabida a una auténtica reivindicación social, en tanto los ciudadanos buscan otros canales para manejarse autónomamente, libres del corporativismo de antaño.

Algunos personajes están adoptando la típica actitud de los tránsfugas, la cual también se explica a partir de lo siguiente: deficiente sistema de partidos y crisis en los mismos; falta de mejores normas para las organizaciones políticas; ausencia de canales de comunicación e información entre los representantes populares y sus representados; pobre nivel de desarrollo y fomento de la cultura política; excesiva proliferación de políticos improvisados; nulo nivel ideológico en los partidos; ambición de grupos o personal; intereses electoreros; estrategias anticipadas de los tránsfugas; oportunismo; falta de resistencia política, y poca identidad dentro de un sistema político.

¿Cuál es el resultado? El ciudadano, con su voluntad política modificada, queda en situación de indefensión: se debilita el sistema de partidos; la correlación de fuerzas resultantes de las elecciones sufre cambios con saldo negativo para los elementos del sistema; se favorece la corrupción, y aumenta la incredulidad social sobre la élite política.

Confirmamos, pues, el viejo adagio local: “Pobre Morelos: tan lejos de Dios, pero tan cerca de su clasecita política”.

Los nuevos tránsfugas se aprestan a buscar otro cargo de elección popular, pero en distinto partido. No tienen empacho para prostituirse… a diferencia de quienes, de alguna forma u otra, recurren por necesidad a la “profesión más antigua del mundo”.

En el caso que hoy me ocupa es prostitución política, que puede y debe ser adaptada a quienes abrevaron en un partido político pero comulgan con otro, o a quienes se autonombran “políticos” ofertando una cosa, pero hacen otra, patentizando que están en la política por conveniencia económica. La prostitución política, el canje de una bandera electoral por una prebenda presupuestaria. Y ahí vienen de nuevo.

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