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Morenistas avasallados

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La postulación que Andrés Manuel López Obrador, propietario de Morena, hizo desde Chiapas a favor del ex futbolista Cuauhtémoc Blanco como precandidato a la gubernatura de Morelos fue tomada con preocupación por algunos actores políticos locales.

Les inquieta la popularidad del todavía alcalde de Cuernavaca, pero también el voto emocional (o voto de odio) que suelen desencadenar los candidatos presidenciales en ciertas regiones de la provincia mexicana. Los morelenses ya tenemos experiencia al respecto.

Es de subrayar la realidad de quienes se han partido la madre por Morena en esta entidad federativa, pues fueron sometidos por los intereses electoreros de López Obrador quien, sin ambages ni escrúpulos, le obsequió al edil capitalino la candidatura, no por ser el aspirante natural de Morena a la misma (lo era Rabindranath Salazar), sino bajo la presión del Partido Encuentro Social (PES), presidido a nivel nacional por Hugo Erick Flores, con quien AMLO se desvivió en loas durante su gira chiapaneca.

Lo proyectó hasta las nubes, mientras en Morelos se escuchaba el crujir de dientes entre los “morenistas” más recalcitrantes. Ayer escuchamos a Rabín en noticieros nacionales soportando el peso de la imposición “pejista”, simple y sencillamente porque teme disgustar al controversial tabasqueño. En fin.

Aquí retomaré parte del artículo publicado ayer por Jesús Silva-Herzog Márquez en Reforma bajo el título “Una campaña sin oponentes”, donde describe extraordinariamente el escenario de Morena y el PES en la tierra zapatista.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, pues yo ya tengo las mías, las que he enarbolado desde que Blanco llegó a Cuernavaca en enero de 2015 de manera fraudulenta.

Escribió Silva-Herzog Márquez: “El caudillo lo ha anunciado ya: Cuauhtémoc Blanco será el candidato de Morena a la gubernatura de Morelos.

Esa carrera que comenzó como el negocito de un futbolista en retiro, una mala broma que reflejaba la podredumbre de los partidos bananeros, puede coronarse con la gubernatura de un estado complejo que, desde hace años, ha sido azotado por la violencia. No es improbable que el partido que dice encarnar la moral pública lleve a este fantoche a la máxima responsabilidad del estado”.

“No se ve en ese partido quien se manifieste abiertamente contra la aberración. Si López Obrador le ha dado la bienvenida no hay más que abrir los brazos y desearle suerte.

Tal vez haya en Morena quien critique la decisión, pero lo hará en voz muy baja, repitiendo que la alianza con los esperpentos vale la pena para lograr el objetivo final.

No hay quien se movilice activamente para impedir la entrega de la candidatura a un personaje tan grotesco. Si la patria es primero, vale promover pillos si traen votos (…) En Morena el dueño define quién entra y qué candidatura se le entrega como coctel de bienvenida”.

Excelente el análisis de Jesús Silva-Herzog Márquez. Yo agregaré que Hugo Erick Flores impuso a Blanco y colocó de rodillas a los morenistas de Morelos, quienes en silencio o con “institucionalidad” aceptaron el avasallamiento. Sin embargo, todavía faltan algunas etapas que el ex futbolista no superará.

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