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Cultura del narco

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Llevo varios días recibiendo información, gráficas y videos referentes a la violencia en otras entidades federativas (por estar incluido en un chat nacional de periodistas en WhatsApp).

Y aunque en Morelos también tenemos lo nuestro, con altibajos en la incidencia delictiva, es importante subrayar que la problemática local no tiene ninguna semejanza con la de Guerrero, Tamaulipas, Nayarit, Sinaloa, Jalisco e inclusive Guanajuato. Puede que así hayamos estado en el sexenio anterior, pésele a quien le pese y quiérase o no aceptar. Pero eso nunca debe ser motivo de autocomplacencia por parte de las instituciones encargadas de la prevención del delito, su persecución y la administración de justicia.

Es grave la participación de centenares de jóvenes en el crimen organizado, desempeñando cualquier número de actividades quizás atraídos por “un buen” ingreso semanal o porque fueron absorbidos por la cultura del narco, de la violencia y las armas. Son incontables las ciudades mexicanas cuyos moradores están acostumbrados al asesinato de jóvenes y a la repentina aparición de sus cadáveres, a veces decapitados o desmembrados. Ni qué decir de las balaceras que se suscitan con demasiada frecuencia, tal como ocurrió en Reynosa (Tamaulipas) los dos días pasados. Ya no existe la capacidad de asombro.

La impunidad sigue creciendo a diario, mientras los casos de homicidios dolosos se amontonan en la PGR y sus homólogas locales. Y ni qué decir tocante a la elevada incidencia de delitos patrimoniales y extorsiones. ¿Qué está sucediendo, pues, con nuestra juventud? Dejemos que nos conteste la investigación titulada “El crimen como oficio: una interpretación del aprendizaje del delito en Colombia”. Sus autores son Isaac de León Beltrán y Eduardo Salcedo Albarán, miembros de la Fundación Método, un grupo multidisciplinario de investigación en ciencias sociales que ha asesorado al gobierno de dicho país centroamericano en la lucha contra las drogas y la delincuencia organizada.

Entre muchas otras cosas interesantes citan lo siguiente: “El crimen requiere una compleja y extensa preparación, lo cual va en contra de la creencia de que cualquier persona, en cualquier momento de su vida, puede delinquir aun cuando no posea las actitudes o la preparación necesaria para hacerlo (…) La comisión de un delito requiere la conjunción de tres factores: 1) Querer delinquir; 2) Los conocimientos técnicos que prescriben el procedimiento necesario para la ejecución exitosa del delito; y 3) La capacidad para regular las emociones en momentos álgidos de la ejecución del delito. La conjunción de los tres aumenta la probabilidad de un crimen exitoso”.

Esto ilustra, y a la vez justifica, la sugerencia de concebir el crimen como una profesión, ya que sólo aquellos delincuentes que han logrado acumular el conocimiento necesario, el cual solo es posible con el paso del tiempo y un estricto entrenamiento, podrán desenvolverse con facilidad y éxito. Es un escenario terrible, gentiles lectores. Luego seguimos con el tema.

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