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PUEDE QUE ASÍ SEA

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Acababa de leer a Denise Dressen en la juiciosa carta que le escribió al próximo presidente de este país en su artículo del periódico Reforma, y ante mis incrédulos ojos se apareció el video de la figura de Alejandra de León Gastelum, la abanderada de Morena que festejó de manera ruidosa, escandalosa, bizarra, su triunfo ante esas “cucarachas fumigadas” como calificó a sus contrincantes, quienes por cierto se “chingaron” y no llegarán como ella a ocupar el escaño con el que habrá de representar a Baja California en el Senado, a partir de que se estrene el Congreso mayoritariamente morenista en la próxima legislatura .

Y lo escrito por Dressen, me brincaba más aún en las líneas que decía: “Temo que México siga siendo el mismo México. Un país clientelar alimentado por un Estado dadivoso que crea recipientes en vez de participantes. Un país que mantiene el capitalismo de cuates, solo que con otros cuates, los tuyos. Un sistema de partido hegemónico renovado con pocos contrapesos. Un andamiaje institucional corroído cuyas carencias sean suplidas por el presidencialismo resucitado. Me anima tu incorruptibilidad personal, el perfil de ciertas personas que te rodean, el espíritu de renovación que te acompaña. Me preocupa que ataques a la prensa, desdeñes al Congreso, denuestes a la Suprema Corte, descalifiques a la sociedad civil, dividas a la población entre los “buenos” que te apoyan incondicionalmente y los “malos” que lo son sólo por cuestionarte. Y es cierto que muchas de las organizaciones y las instituciones que señalas son indefendibles. Pero habrá que remodelarlas, no saltar por encima de ellas”.

Pese a que la alegre doña Alejandra de León Gastelum aseguró en tanto brindaba con “champán”, no con “viles cheves” como podría haberse supuesto, que contaba “con el permiso del próximo presidente ya electo”, podemos imaginarnos que otras muchas cosas tenía que hacer el pasado domingo López Obrador, como para estar pendiente de las ocurrencias de doña Ale y de quién sabe cuántos más que se comportaron de acuerdo al mandato de los decibeles de su euforia. O a lo mejor, el Peje sí le había dado permiso a Ale para festejar tal y como lo hizo. Finalmente, si la euforia pasó de unas descargas de alegría propiciada por la burbujeante bebida que engulló la satisfecha señora ¿quién más sino quienes vimos los ordinarios ademanes y escuchamos tan altisonante vocabulario de la ya electa senadora de Morena podemos sentirnos afectados?

Malo sería que tales ejemplos cundieran y que en poco tiempo a todo morenito y pesecitos y trabajadorcito asociado al triunfal triunfo pejista le aflorara lo rústico, lo tribal, lo natural pues, en estos casos y fuéran subiendo a las “benditas redes” casos y cosas como los de la rubicunda Alejandra de León Gastelum de Baja California, quien en compañía sonora de las jocosas notas de música norteña se explayó mostrándose tal cual es. Para hacer un chascarrillo, si es que se nos permite, digamos que doña Alejandra es todo menos “fifí”, como diría el Peje refiriéndose entre otros a comentaristas y periodistas de la talla de Jesús Silva-Herzog Márquez, y la propia Denise Dressen.

Lo cierto es que al escuchar a AMLO en sus discursos dominicales a raíz de la declaración del INE del gran porcentaje con el que había ganado la elección, nada tan lejano entre las palabras del Peje de la ordinariez champañera de doña Alejandra.

Ojalá sea el prietito en el arroz, como dice el lugar común. Ojalá que no haya muchas, ni muchos candidatos ganadores dados a explayarse en las redes de tan rupestre manera.

Pero, vamos, también podría ser que el ejemplo de Alejandra de León fuese una demostración más del cambio, del fuera máscaras, del basta ya de hipocresías. Mostrémonos tal y cual somos. ¿Sí, no?

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