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LA DESCENTRALIZACIÓN Y SUS MOTIVOS

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Alguna cosa, cualquiera que esta sea, debió motivar la decisión del virtual presidente Andrés Manuel López Obrador de llevarse las sedes de las secretarías de estado a otro lugar del que ya tienen y han tenido a lo largo de los años, muchos o pocos años, pero como quiera que sea, desde su creación como secretarías.

Desde luego que el motivo más socorrido que se ha esgrimido en cualquiera de los discursos del Peje, y que es el del ahorro, éste no se ve por ningún lado y el otro de igual o más peso, es decir el de evitar a toda costa la corrupción, tampoco parecería ser, en cuanto a que si bajo las narices del jefe suelen ocurrir los actos de corrupción, más ocurrirán si las secretarías están ubicadas a distancia.

Pero retomemos el motivo ahorro. ¿Qué ahorro podrá haber si la secretaria de turismo, por ejemplo, se instala en Tlaxcala, en vez de su ubicación actual en la CDMX? ¿Acaso en el costo de la renta que seguramente sería más bajo? Pero: ¿y qué de la gente que trabaja en la secretaría? ¿Estaría dispuesta a trasladarse con todo y familia? Porque debemos suponer que no sólo trabajan solteros y solteras, sino padres o madres de familias que tendrían que enfrentar no sólo lo que implica un traslado o sea escuelas para los hijos, casa, servicios, sino la posibilidad de que si ambos miembros de la pareja trabajan, pero no en la misma secretaría, uno tendría que sacrificarse en pro del otro. Vistas así las cosas, se enfrentan ciertas complicaciones. Y, por otra parte, seguimos sin ver que haya ahorros verdaderos más allá de la renta del local en que se instalaría la secretaría.

Por cierto que alertados muchos de los trabajadores que escucharon aquello de la descentralización ya se están oponiendo y buscando nuevos horizontes. Por cierto que la descentralización no es novedad, sino se retoma de ideas similares que no cuajaron más que en dos o tres casos, pero ojo, no son secretarías, sino dependencias descentralizadas como el INEGI que básicamente por un acuerdo de los trabajadores, se trasladaron a Aguascalientes pero en su caso, sólo tenían que llevarse sus aparatos de cómputo e instalarse sin mayores dificultades.

Otro caso fue el de CAPUFE cuyas oficinas fueron trasladadas aquí, a Cuernavaca. Pero en los casos, por ejemplo, de la Secretaría de Marina ¿con qué objeto debería estar representada en un puerto? Si acaso debiera estar en un barco grande, hermoso, en altamar. Pero como la sede está en tierra firme, en un edificio, qué sentido tiene moverla de la CDMX a otra tierra firme de otra ciudad? ¿Por una simple ocurrencia? Pero sería una ocurrencia costosa en términos de traslados humanos principalmente.

Si a esas vamos, el sector salud tendría lógica que se moviera hacia donde haya más enfermos y para no tomar decisiones arbitrarias, quizá convendría ponerlo a votación para lograr una elección democrática de enfermos, sanos, médicos y enfermeras. Otro tanto podría ocurrir con cualquiera de las secretarías que se ha determinado reubicar, es decir, las que no se quiere que permanezcan en la capital del país. Y bueno, ¿qué pasará con la Secretaría de Educación acarrando el escritorio de Vasconcelos hasta Puebla? Suponemos que ya se pactó lo necesario con el sindicato más poderoso de América y posiblemente del mundo entero y que hubo acuerdos hasta con la maestra, pero con todo no deja de ser hasta kafkiano este asunto.

Como se ha hablado mucho de copiar el estilo de Juárez, podría haberse pensado en una Secretaría de Gobernación itinerante, es decir que se moviera donde surgieran los conflictos. Esta sería de lo más conveniente porque finalmente podría liberarse la calle de Bucareli que está constantemente ocupada por aquellos que suelen dirimir sus dimes y diretes frente a Gobernación.

En cuanto al segundo de los motivos que podrían haber llevado a la determinación del presidente virtual de este país de cambiar de sede a las dependencias gubernamentales, para ponerle no un freno, sino un hasta aquí a la corrupción, esto del cambio de lugar, de ciudad y con la misma gente, tiene una connotación demasiado simplista, pese a lo complicado que podría ser. Quizá aún no se ha dicho, pero ese cambio para que no hubiese corrupción ni impunidad (ya que en esas estamos), implicaría otra ciudad, otra gente y otro país. En el orden que quisieran ponerlo.

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