miércoles, 26 junio, 2019
Opinión Punto y Aparte

JAVIER SICILIA Y SU DESFACHATEZ

La naturaleza de Javier Sicilia Zardaín, quien presuntamente fuera director de Comunicación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), es la de un traidor e ingrato. Así quedó demostrado a través de su carta de renuncia difundida la noche de este lunes, al cargo donde casi cinco años se comportó a la altura de esa esencia, siendo “aviador”, aunque embolsándose mes a mes la nada despreciable cantidad de 110 mil pesos.

Antes de continuar vayamos a los precedentes, porque el mentado poeta (venido a menos), tiene por costumbre traicionar a quienes le dan de comer.

El pasado 28 de marzo me referí a la conmemoración de los siete años del artero asesinato de igual número de personas en una colonia de Jiutepec, por parte de integrantes del extinto Cártel del Pacífico Sur (CPS).

Entre las víctimas, que fueron abandonadas dentro de un automóvil en las afueras del fraccionamiento “Las Brisas” (sito en la parte sur de nuestra capital), se encontraba Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo de Javier Sicilia, quien ante la irreparable pérdida de su vástago encontró la causa para fundar, junto con otros activistas sociales, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD).

Entre aquellos apoyadores de Sicilia se encontraba Emilio Álvarez Icaza, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Este personaje hoy forma parte de la campaña presidencial de Ricardo Anaya.

Y también destacaba Julián Lebarón, reconocido luchador social emanado de la zona norte de nuestro país, concretamente del estado de Chihuahua, donde encabezó importantes movilizaciones buscando justicia tras el asesinato de su hermano Benjamín y su cuñado Luis Whitman, acaecido el 7 de julio de 2009. Los homicidas fueron narcotraficantes asentados en la norteña entidad.

Sicilia Zardaín y el grupo que allá y entonces lo apoyaba, sin duda alguna consiguieron respuestas casi inmediatas de los gobiernos federal y estatal, a la sazón encabezados por Felipe Calderón a nivel nacional y en Morelos por Marco Antonio Adame Castillo, quien se tambaleó frente a las multitudinarias manifestaciones de presión contra su régimen.

Desde el gobierno federal se ordenó una exhaustiva investigación para dar con los asesinos de las siete personas, y fue gracias a una huella dactilar como se pudo dar con su paradero. Podríamos decir que todos los implicados están presos, aunque no hay datos actualizados sobre su actual situación jurídica.

Recuerdo los encuentros conseguidos por el MPJD en el Palacio de Chapultepec, primero el 23 de junio de 2011, con el presidente Felipe Calderón como protagonista principal; y luego el 28 de mayo de 2012 con cuatro candidatos a la presidencia de la República. El segundo quedó registrado para la posteridad, quizás por haber conseguido frutos hacia la reivindicación de las víctimas de este país, pero también por los besos obsequiados por Javier Sicilia a los abanderados partidistas, en contra de su voluntad.

Todo era miel sobre hojuelas para el mentado MPJD.

Sin embargo, cuando el movimiento de Sicilia descendía (atrás había quedado la caravana hacia el norte del país), escribí sobre la posibilidad de que el poeta hubiese sido cooptado y domesticado por el gobierno federal, gracias al otorgamiento de canonjías. No me equivoqué.

Fue así como llegamos al 24 de febrero de 2012, cuando Julián LeBarón hizo pública su desvinculación del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Aquel día se difundió una carta de Lebarón dirigida a la opinión pública nacional, en la cual consideró que “esta organización de víctimas de la violencia en México abandonó el ‘método efectivo’ de amagar a las autoridades con la desobediencia civil y fundamentalmente se convirtió en interlocutor con partidos políticos y el gobierno, instituciones que no pueden ayudar sin dividir más, endeudar más y fracasar más como intermediarios de la sociedad”.

Agregó: “Cuando las autoridades pierden su legitimidad, por dejar de ser éticas, entonces los problemas morales y económicos del país se convierten en asuntos cívicos, que deben asumirse como responsabilidad ciudadana y no gubernamental”.

Por ello, aclaró, “mi distanciamiento del Movimiento por la Paz no implica abandonar el activismo y seguiré luchando por este fin y propósito, (el cual) es el camino que me tracé en un inicio, cuando fue asesinado mi hermano Benjamín LeBarón y mi amigo Luis Whitman”. Hasta aquí lo inherente a la carta de Lebarón.

Siempre he considerado que en las postrimerías del sexenio calderonista, Javier Sicilia consiguió que le fueran abiertas las compuertas del erario federal, muy probablemente a través de la Secretaría de Desarrollo Social. Y durante todo el periodo de Peña Nieto jamás se ha metido con él, debido a que “poderoso caballero es don dinero”.

Debido a lo anterior lo tuvimos enquistado en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos embolsándose más de 100 mil pesos mensuales sin hacer nada, más que agitar en contra del gobernador Graco Ramírez, mientras que por otro lado sacaba raja de su lucha “a favor de las víctimas”.

LA NUEVA POSTURA DEL POETA

Ahora resulta que, a pesar de haber sido “aviador” en la UAEM cobrando sin desempeñar ninguna actividad productiva a favor de la comunidad universitaria, Sicilia hizo pública su renuncia bajo el argumento de haber sido víctima de varios “actos de terrorismo laboral” por parte del rector Gustavo Urquiza. Me parece que al ex líder del MPJD le afectó tanta mota que se metió a lo largo de seis décadas.

Señaló que debido a su cercanía con el ex rector Alejandro Vera Jiménez, hoy candidato del Partido Nueva Alianza (el partido de la maestra Elba Esther), ha sufrido acoso que atribuye a la administración del rector Urquiza, como es la disminución de sus salarios de 44 mil a 16 mil pesos, el retiro del uso de un vehículo y la cancelación de diversos actos de activismo político, como la presentación de un material relacionado con las Fosas de Tetelcingo. ¿Y qué esperaba el famosísimo huevonazo? ¿Qué la UAEM lo siguiera manteniendo, mientras se dedica a actividades ajenas a la institución?

Y vino el anuncio, que debió propiciar suspiros de alivio en el área financiera de la Universidad, pues habrá un zángano menos en su nómina: a partir del primero de junio, Javier Sicilia ya no laborará más en la UAEM como “profesor emérito”, “profesor investigador de tiempo completo” y coordinador del programa “Estudios de la Complejidad”. Puras jaladas inventadas por Vera Jiménez para tenerlo cerca, desde luego como su titiritero.

En resumen: Sicilia no conoce la vergüenza y es un cínico en su máxima expresión. Además, es amoral, pues no tiene moral. Aunque se jacta de poseer enorme cultura, siempre ha confundido la moral con un árbol que da moras.

¡No sabe cómo lo extrañarán en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos!

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