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Lo que sigue a las precandidaturas

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Comenzó febrero, el mes de los carnavales, con un florido ramillete de precandidatos, todos ellos dispuestos a llevarse alguno de los puestos que estarán en juego en las próximas elecciones. Ya sabemos: van desde la gubernatura, a las alcaldías, a las curules y así en cascada, hasta el hueso que podría creerse no es tan apetecible, pero aun así no faltará el hambreado husmeador que se lo querrá llevar.

El que haya tantos jugadores para un solo puesto, hace pensar que la derrota va a diluirse y por tanto la sentirán menos. En tanto eso ocurre, los ciudadanos nos disponemos a que se nos atiborre de toda clase de anuncios para, aunque sea, recordar el nombre de los que ya están en la jugada. Y así como nos llenaron de “ya sabes quién” y del cantico infantil del “na…na…na…na…nana”, seguramente los creativos de las agencias de publicidad están sometidos a la lluvia de ideas para dejarnos caer la tormenta de esos 30 segundos que poco nos dirán, pero que probablemente será lo único que llegaremos a saber de muchos de esos candidatos que querrán nuestro voto.

Desde luego que entre los precandidatos que ya se mencionan y sobre los que se susurra porque dicen que llegaron a acuerdos en lo oscurito para tal o cual puesto, hay mucho que preguntarse (me estoy refiriendo a los ciudadanos que estaremos a la expectativa, antes del día de la elección)

Por ejemplo: ¿qué dirá Vera, el hoy Humanista? Ya le escuchamos algunas peroratas respecto de su cuestionada actuación como rector de la UAEM. Lo cierto es que se necesita ser caradura para presentarse así como así a pedir el voto ciudadano, después del desastre en que convirtió a la UAEM con esa desaseada administración que llevó a cabo con sus compinches.

Por cierto, ¿se habrá quebrado la amistad de un tiempo entre él y el futbolista, hoy candidato del Peje al mismo puesto que ambiciona Vera? Y el obispo de Cuernavaca ¿por quién elevará sus plegarias? Pero estábamos en que hay muchos con caritas sonrientes, en tanto que muchísimos más borraron toda huella de sonrisa. Y es que debe ser muy gacho creer que y se tiene algo muy ambicionado y observar que del plato a la boca… se cae la candidatura. Debe ser muy gacho tener que caravanear a quien se quisiera ya no digo apuñalar, pero sí no tener que volver a mirarlo, porque además, cada vez ese cuchillito de palo va ahondando. ¿O usted les cree eso de la unidad y de agruparse y de apoyar y demás fraseo que recitan los perdedores como si fuese cierto? Esas son palabras de dientes para afuera; palabras gastadas que se repiten  unos a otros, todos a sabiendas que en esas circunstancias lo mejor es ejercer el arte de embaucar.

Lo que sigue pues, son los millones de anuncios publicitarios que ya está preparados los creativos para atiborrarnos a través de los medios. En tanto el mes de los carnavales ya empezó, frío y con viento.

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