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Hasta la Cocina 08-09-17

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MALAS MAÑAS

¿Y ahora qué va a decir Alejandro Vera? ¿Qué desconocía que hubiera triangulaciones del dinero público de la UAEM de la que es rector? ¿Qué son inventos de su enemigos, que además del que se organizó en su contra por parte del estado, del Congreso morelense,  hay un complot por parte de quienes han estado investigando esa complicada ingeniería capaz de dar tales vueltas al dinero como para que de repente, ahí sí, se esfume toda huella?

Lo innegable es que se requiere creatividad para encontrar fórmulas tan sofisticadas que parecen obra de uno de esos juegos virtuales que apasionan a los chavos. Sólo que los chavos  tienen justificación en cuanto a que son eso, chavos, pero cuando se ha rebasado la pubertad y hay que ponerse serios, como se supone que debería haber ocurrido con el rector de la UAEM, además de creatividad, se requiere de buenas dosis de malicia.

Lo cierto es que toda la investigación que salió a relucir en lo que ya se llama “estafa maestra”, no compone un descubrimiento súbito, sino que tiene antecedentes. Recordemos que cuando el Auditor Superior de la Federación habló de las auditorías realizadas en la UAEM, salieron a relucir cuestiones a decir lo menos, turbias. Se supo de contratos y subcontratos, siendo que la universidad no está autorizada para tales operaciones y recordemos también que entre esas contrataciones había algunas realizadas con personajes ligados al crimen organizado.

Si Vera ya estaba molesto, esos “descubrimientos” lo pusieron colérico y recrudeció su “ofensiva” en contra de su “enemigo” más visible, el gobernador. Fueron los días de la carpa a un costado de Palacio de Gobierno, de intento de Vera de la toma de palacio y el raspón que obligó a su empleado Sicilia a ser hospitalizado por lo que él llamó “la brutalidad” de las fuerzas del orden: fueron también los días de la  huelga de hambre. Y bueno, de esas marchas, mítines y demás que lo tuvieron ocupado. Tal vez por eso acudió a los mañosos que, como vimos, no faltan…y ¡a darle giros a los dineros!

Pero ocupados también estaban quienes se dedicaron a las pesquisas e iban tras las huellas de los autores de la complicada ingeniería que les sirvió para difuminar la millonaria estafa que puso al descubierto las empresas fantasma a nombre de individuos que a lo mejor, sólo a lo mejor, se prestaron por unos cuantos pesos a dar su nombre a las “empresas” que conforman la complicada red con que algunas universidades, como la de Morelos, le entraron para esfumar miles de millones de pesos.

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