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Hasta la cocina 02-08-17

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AUTOFLAGELACIÓN.

Crucificado. Así dice estar el futbolista. Por eso sólo fue a despedir a los peregrinos en la Paloma de la Paz y entre bendiciones y vítores dejó a los marchantes encaminados y se regresó a lo suyo…lo suyo que desde luego, no tiene que ver con su responsabilidad como presidente municipal de Cuernavaca, sino cuidar cualquiera de sus ocupaciones que le dejan más que ese “mal negocio” que resultó ser la alcaldía, José Manuel Sanz dixit.

Hay cierta lógica, además. De acuerdo a la versión evangélica de las santas escrituras, a los crucificados se les clavaban manos y pies a la cruz, lo cual debía resultar extremadamente doloroso, tanto que sin duda en esta versión moderna de la crucifixión debió serle extremadamente atormentador al futbolista mantenerse de pie, así sea el tiempo que permaneció ante los micrófonos para expresar su punzante sentimiento. Y si eso requirió de un gran esfuerzo, puede imaginarse lo que habría significado caminar paso a pasito, kilómetro a kilómetro, etapa por etapa hasta completar el peregrinar de los marchantes.

Para sus compañeros y jefes de la marcha también, es de suponerse, que aquella manifestación del futbolista debió causarles inquietud: Todo, menos permitir que camine… Bastará con que se apersone cuando lleguemos con el interlocutor  más importante de esta cruzada y exprese su sentir ante el hombre de fe.  Mientras tanto el obispo debió pedir que juntaran voluntarios para cargar la cruz y alivianar al futbolista de esa pesada carga que es capaz de jorobar a cualquiera.

Sin embargo y más allá del dolor físico, lo que posiblemente tenga al futbolista realmente acongojado es la pérdida de las muchas ocasiones de micrófono abierto a la denuncia de su crucifixión. ¿Cómo pudo ocurrírsele eso de sentirse crucificado en momentos tan aprovechables para su lucimiento? Cómo le acaeció eso a él que tanto le gusta hablar por su facilidad de palabra; a él que es capaz de conmoverse hasta las lágrimas recordando lo mal que la pasan todos aquellos a quienes prometió sacar de la inopia y no ha podido hacerlo porque “¡no me dejan trabajaaar!”; a él tan dado a la sabiduría doméstica –“hay que aprender a bañarse a jicarazos para evitar dispendio de agua”—; a él que hasta tuvo que someterse al tormento de falsificar credenciales de elector por docena para poder convertirse en alcalde…

Y así, sin el futbolista crucificado, la peregrinación va camino a su destino: el reloj chino, donde plantarán su cruz.

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