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El dedo esta cansado

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Por alguna misteriosa razón los dedos del Peje no han ejercido esa potestad que los muestran infalibles a la hora de escoger quién de quién será el ungido para llegar a la boleta electoral en Morelos.

Se han llegado a esgrimir diversos argumentos, algunos de peso, otros francamente refutables, pero ninguno de ellos que tenga certeza de que esa sea la realidad, entre otros motivos porque con el personaje en cuestión las únicas tesis válidas son las que implican a alguien relacionado con la mafia del poder, que ya sabeos tiene mano larga, aunque difícilmente le llega a la mano cuyos dedos –uno de ellos— serán nuevamente ocasión de la señal bendita.

El caso es que, hay quien asegura que la mano está entre algodones porque los dedos se muestran cansados de ese ejercicio del que ningún mortal con proyección a futuro político en esa égida pejiana que ya abarca a morenitos, pescaditos y trabajadorcitos, ha dejado de prender veladoras, o de acudir a brujos y videntes, o de rezar. O sea, ninguno para de sufrir a causa de esa mano cuyo dedo marcará un destino ya manifiesto.

El futbolista no para de sufrir. Hay quien atesta que el pasado sábado, saliendo del restaurante de Acapantzingo, al que llegó a tarda hora a tomar sus sagrados alimentos, la curvatura de su espalda lo hacía aparentar que llevaba enorme carga y casi le impedía levantar el rostro para brindar y engullir la rosca. Entre murmullos, jura alguien que lo escuchó decir que a él lo que le prometieron, a cambio de una candidatura harto difícil por aquello de las trampas en su residencia incomprobable en esta Cuernavaca que lo ha visto gobernar algunas veces… lo que le arrancó a manera de promesa pues, el de la mano del dedo que habrá de glorificar a uno y sacrificar a tantos, es ni más ni menos que ¡la Secretaría de Relaciones Exteriores! ¿A qué no  imaginaba usted, ni nadie, el tamaño de aspiración del futbolista, verdad? Y mire usted, como están las cosas, y después de lo que le hemos visto y escuchado, no nos extrañaría ni que el futbolista resultara angloparlante.

Pero no estará por demás narrar la propuesta de uno de los comensales sabatinos quien, como siempre y en su papel de manager, metió su cuchara y dijo abrogándose el derecho de decir lo que dijo: “No mi buen, cataflixeálo (el puesto, evidentemente) por la embajada en la FIFA, esté en el país que esté”.

El caso es que en fin de semana y los días que siguieron en esa angustiante espera, todo mundo metido en la encuesta de encuestas que todo mundo sabe inexistente, la mano que habrá de mover el dedo señalizador, descansaba mostrándose ausente de la grave responsabilidad que caería sobre uno de esos dedos tan inquietos, caprichosos, ávidos, glotones…que habrán de señalar sobre quién caerá la mesiánica señal.

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