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Educación para empoderarnos

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Aunque la hemos escuchado infinidad de veces en referencia a la mujer, la palabra “empoderamiento” no siempre es entendida en su real significado y, desde luego, a algunos hombres les causa “ronchas”.

Cuando se habla de prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, uno de los conceptos que salen a la luz es el “empoderamiento” y su importancia en el combate de esa problemática, es decir la violencia en contra del género. Porque para erradicarla, se requiere impulsar precisamente el “empoderamiento”, palabra que el diccionario refiere como la acción y efecto de “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”.

Las mujeres venimos del atavismo secular en que se nos inculcó que somos “inferiores”, menos fuertes, inteligentes, capaces o poderosas que los hombres.

De hecho la mentalidad y cultura machistas así lo determinaron, lo que trajo como consecuencia el lento desarrollo de las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad. Sociedad, por cierto, que creció trunca al hacer a un lado la capacidad femenina ya que podría desarrollarse más armoniosamente al incorporar a la mujer en todos los ámbitos.

A partir de la lucha por lograr la igualdad a través de la liberación femenina que tomó cuerpo en el siglo pasado, la situación fue cambiando, si bien hay que decirlo: sólo para una minoría de mujeres, ya que hay millones en el mundo que viven en absoluta desigualdad, igual a sus ascendentes femeninos.

Y aún en las zonas en las que esa lucha por la igualdad de género ha tomado fuerza, nos encontramos con gran resistencia para aceptar el cambio de costumbres.

No hay que ir demasiado lejos para observarlo: la saña en contra de las víctimas de feminicidio, así nos lo muestran casi a diario. Parecería imposible que en un país “civilizado” se tengan que colocar artefactos para que en los autobuses las mujeres no resulten ¡víctimas de acoso! No puede creerse que surjan diariamente docenas de señalamientos contra violadores, asesinos y que pueda darse tanta violencia intrafamiliar…y lo peor, que esa violencia no sea tomada en cuenta porque ocurre entre las paredes del hogar y forma parte de lo cotidiano, donde así se acostumbra tolera.

Por todo eso, resulta imprescindible que el sector público colabore para lograr el gran cambio en la población. Vemos y aplaudimos, la labor que el Instituto de la Mujer para el Estado de Morelos ha realizado principalmente en favor de la atención y prevención de la violencia contra las mujeres, así como las acciones para fortalecer el empoderamiento de las mujeres a través de talleres y platicas que persiguen el objetivo de crear consciencia en el género.

Sólo así se logrará un cambio efectivo. Y esas acciones, al igual que muchas otras requieren de inversión que, afortunadamente la administración actual no la ha escatimado ni en instalaciones apropiadas para el auxilio de las víctimas, ni para contratar al personal adecuado para una atención especiaizada.

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