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Cuernavaca en la creación literaria

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Muchas han sido las incursiones de Cuernavaca en la literatura… Y es que esta ciudad tiene lo suyo y ha sido y es punto de referencia para escritores que ambientaron sus novelas en la ciudad y en sus alrededores. Recientemente Enrique Serna ubicó en Morelos la novela que tituló “La doble vida de Jesús”, en la que el personaje principal es de esta ciudad, aquí se mueve y aquí le pasa todo lo que el narrador imagina, que no es poco.

Así como a Serna, recordamos a otros autores que desarrollaron novelas en Cuernavaca; quizá el más famoso fue el británico Malcom Lowrey con su Bajo el Volcán. Pero también tenemos al gran Alfonso Reyes con su poema “¡A Cuernavaca!”, esa poesía que dice: “A Cuernavaca voy dulce retiro, cuando, por veleidad o desaliento, cedo al afán de interrumpir el cuento y dar a mi relato algún respiro”… Y está Elena Poniatowska que en “Tinissima”, relata algunos viajes de Tina Modotti a esta ciudad y un fugaz romance de la fotógrafa de origen italiano con el “guapísimo diplomático Pepe Quintanilla”, ocurrido en una señorial casona del centro de Cuernavaca. Y no olvidemos lo novelizado por muchos autores sobre las vicisitudes de Maximiliano y Carlota, o de Maximiliano y la “india bonita”…

Cuernavaca tiene su encanto y alimenta la imaginación de los artistas. Además es una ciudad que pese a lo decaída de los últimos tiempos, es cosmopolita y aquí han venido a pasar temporadas largas o cortas, personajes del mundo intelectual que se han hallado en el medio justo para que prosperara su creatividad. Entre los grandes artistas, vivió casi hasta su muerte, Diego Rivera con la última de sus mujeres a la que Dolores Olmedo, le hacía la vida pesada según me contó la propia Dolores durante una entrevista. Otro gran pintor, el oaxaqueño Rufino Tamayo, cuya casa que Olga mandó pintar de “azul Tamayo”, sigue existiendo casi tal cual, al fondo de la calle que lleva su nombre en Acapantzingo, cerrada por unas rejas que permiten observar una pared con el azul ya deslavado. Su mujer, Olga Tamayo, quien sobrevivió a Rufino algunos años, acostumbraba decir que se habían hecho la promesa de quien viviera más que el otro, se vendría a Cuernavaca “a morir en paz”. Y eso hizo Olga.

Entre las grandes artistas que también quisieron morir en Cuernavaca está Tamara Lempicka, nacida en Varsovia y una de las mayores representantes del estilo Art Déco, recordada como “la primera artista mujer en ser una estrella del glamour”. Fue huésped de ese también reconocido artista emblemático de Cuernavaca, Víctor Contreras, quien se ocupó de Tamara cuya última voluntad fue que sus cenizas fueran esparcidas desde el Popocatépetl.

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