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Cachirul Rezongón

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Igual a como acontecía en el campo de futbol después de propinar tremendo patadón y ser amonestado por el árbitro, Cuauhtémoc Blanco se va rezongando y echando maledicencias, una vez sí y otra también, cuando de hablar de la seguridad de los ciudadanos de Cuernavaca se trata.

¿Al fin que a él qué? Ni es de aquí, vive la mayoría del tiempo cuidando sus negocios de la CDMX, si acaso, se presenta a Cuernavaca para el cobro de la quincena, aunque muy probablemente tiene quien le resuelva el evitar hasta tener que firmar la nómina. No se necesita ser un observador acucioso para darse cuenta del abandono en el que se encuentra la capital morelense.

Las quejas ciudadanas se subsiguen y en el municipio no hay manera de llegar más allá de la ventanilla en la que algún empleado recibe el papel que lleva escrito el clamor popular y no hay duda que ese papel va a dar al bote de la basura, o si acaso, al archivo muerto. Los habitantes de la Carolina se han cansado de mostrar su rechazo a la construcción de una gasolinera que se está construyendo sobre un apantle lo que pone en peligro los mantos freáticos y por consiguiente habrá contaminación del agua y don Cuau no se ha molestado en escuchar a nadie… a nadie más que a quienes le hablaron al oído para ponerse a mano en la licencia, mismos que se asegura se trata de “gente de palancas”. Ah, pero no sea aprovechar los reflectores, que para eso el Cuau se pinta solo.

El berrinche de deslindarse del Mando Único, pese al convenio, pese a lo evidente de la mejoría estatal en cuanto a la seguridad pública, lo ha llevado a presentarse en un tour de medios en que hizo sobresalir su capacidad para los caprichos y algo que quizá no entienda, pero que quienes llevan los asuntos jurídicos municipales son muy dados a solicitar, por supuesto a sabiendas de que no hay como acudir a los vericuetos legaloides que ofrecen los amparos para entorpecer los caminos de la justicia. Acumula amparos, en tanto toda acción se suspende… Pero TODA acción.

Y él, el Cuau, llevado por esa costumbre de rezongar ante cualquier razonamiento, se explaya en sus dichos que pueden llevar tantas mentiras que ni Trump lograría igualarlo en sus conferencias de prensa.

Recientemente el Cuau dijo que “analiza” –¿podrá?— con sus abogados la controversia constitucional que interpondrán ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para recuperar el control de la policía. O sea que sigue montado en la necedad. ¿Qué puede saber este futbolista de policía, excepto cuando lo detuvieron tras de sus conocidos exabruptos misóginos de violencia intrafamiliar y extrafamiliar?

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