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Ahora sí, a cuidarnos

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Habrá que ponernos las pilas ante los focos rojos prendidos por las autoridades de salud ahora que estamos pasando por los fríos, inusuales hay que admitirlo, pero que afectan especialmente a los habitantes de las zonas altas de Morelos, aunque por las mañanas aún en la ciudad de la eterna primavera, el frío cala. Vacunarnos, cuidarnos de las corrientes de aire, estar atentos de abrigar a los niños, y en especial vigilar la alimentación.

A propósito de esto y de los excesos en que solemos concedernos durante los pasados días de fiesta –¡y todavía nos falta la rosca de reyes! –no sobra recordar que México ocupa un primer nada honroso lugar de esas dos enfermedades relacionadas entre sí, la diabetes y la obesidad; una de ellas prácticamente detectable sólo cuando está provocando estragos en nuestro cuerpo. La otra, visible en tantísimas mujeres y hombres que en muchas ocasiones, especialmente en el caso de las mujeres, llegan a preguntarse: ¿cuándo me dejé engordar de esta manera? Y ¿cómo no hice algo para evitar esta gordura?

Pero la mayoría, por lo visto no se ha preguntado nada de lo anterior, sino ha seguido esos impulsos que –lo sabemos ahora— son ayudados por muchos motivos y hasta por una supuesta modernidad que ha cambiado hábitos de dieta llevando a buena parte de la población a comer lo que sin nutrir lleva a la consecuencia de acumular grasa en el cuerpo. Por añadidura, poca es la gente que hace ejercicio. Las consecuencias están a la vista y lo peor –porque todavía existe algo peor— es que los niños mexicanos están reproduciendo el modelo de sus padres, conformando realmente el problema que está alarmando y que ha llevado a las autoridades a declarar como emergencia epidemiológica enfermedades que en estricto sentido no lo son, porque ni la diabetes, ni la obesidad se contagian físicamente.

Números escalofriantes acompañan a la declaratoria de emergencia epidemiológica por las consecuencias acarreadas por estas dos enfermedades asociadas y que llevan a la muerte de muchísimas personas que no previeron el costo de simples malos hábitos alimenticios o de llevar una vida sedentaria al extremo. Cierto es que buena parte de esa comida chatarra, así llamada precisamente porque no nutre, sólo engorda, es a veces más barata que una comida saludable y el hambre lleva a su consumo irracional. Sabido es también que hay muchos lugares de este país donde un refresco es más accesible y barato que el agua, de ahí que México sea el país de más alto consumo per cápita de dichas bebidas… Entonces todo esto se convierte en un problema educacional. Tan fácil y a la vez tan complicado como lo dice el sector salud: “La salud empieza en casa, en la escuela… no en los hospitales”.

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