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Hasta la cocina 20-May-2016

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BIENVENIDOS AL MATRIMONIO

Nada tan simple como el respeto al derecho ajeno. ¡Pero qué de complicaciones conlleva! Años llevó lograrse que cada ser humano pueda decidir en libertad la celebración de un acto legal como es el matrimonio en la mayoría de edad. Han sido años de escuchar a esos recalcitrantes opositores a quienes ni les va ni les viene el que una mujer se case con otra mujer, o bien que un hombre lo haga con otro hombre, pero que ahí estuvieron enarbolando sus ideas –bueno, de alguna manera hay que llamarles— fijas en que la sexualidad debe complicarse con ese acto que se llama matrimonio y que debe celebrarse con el único fin de procrear, o sea de formar una familia compuesta por mujer y hombre y los hijos que se deriven de esa pareja.

Años de desconocer primero que en la sexualidad no se manda y que es parte del individuo y que ese individuo puede tener preferencia por la otra media manzana. Años de oponerse a aceptar que la homosexualidad no es “enfermedad” que debe mantenerse en secreto. Años de escuchar palabras absurdas como el “asquito” que podían provocarle a cierto gobernador jalisciense, el hecho de que ¡ojo! dos hombres se juntaran. Años de lucubrar y actuar presiones de todo tipo a lo que es una pretensión mandata por la Constitución misma: libertad de los individuos en todos los aspectos y que esa libertad respete la libertad de los demás.

Años de arrastrar costumbres insanas como la de pretender desconocer la realidad; de creer que quien no es como yo está en el error y entonces hay que apartarlo a gritos. ¿En qué puede afectarle a alguien que se dice heterosexual, que un hombre y otro se casen y vivan en lo que para un hombre y una mujer es la legalidad, o que dos mujeres vayan ante el juez a expresar su voluntad de querer formar una pareja con todas las de la ley?

En nada le afecta, ni siquiera si fuese el caso que cualquiera de los homosexuales pidiera a un heterosexual ser testigo de su unión ante el juez, porque en todo caso también podría ejercer su derecho a la libertad de decir que no, como podría hacerse en el caso de aceptar o no hacerlo en cualquier matrimonio de heterosexuales. Celebro que las y los homosexuales que así lo deseen puedan legalizar su unión. Ya era hora que compartieran con los heterosexuales todas las vicisitudes que comporta el matrimonio, incluyendo la separación legal, es decir el divorcio

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