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Hasta la cocina 16-Mayo-2016

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DE MAESTROS Y MAESTRAS

Entre conmemoración y conmemoración de este mes, que rivaliza con septiembre en cuanto a festividades, transcurrió el Día del Maestro con el obvio descanso de los docentes; bueno, descanso para aquellos que no fueron a marchar por cualquiera de las múltiples razones que parecen tener algunos de los miles de mexicanos y mexicanas que se dedican a la docencia.

Sabemos que la de maestro y maestra es una labor que requiere esfuerzo, paciencia, dedicación, compromiso y responsabilidad para educar, formar, orientar y quienes hemos ido a la escuela pudimos comprobar todo esto en muchos de los educadores. Esto hace que el día del maestro sea una festividad bien merecida, por lo que a todos ellos va la felicitación, así sea con retraso.

La de maestro es, además, una profesión que podríamos decir envidiable, comparada con algunas otras en este país. Las conquistas laborales que ha obtenido el gremio son notables y cada día nos sorprendemos con alguna prestación que adquiere, así sean incomprensibles y ciertamente banales, como puede ser el festejo por la primavera que los maestros de Sinaloa instituyeron para descansar un día más dentro de su calendario escolar que por cierto, comprende el mayor tiempo de vacaciones de cualquier asalariado.

Los maestros de este país gozan de una especial normatividad, en cuanto a trabajo, salarios, prestaciones. Si bien es tema que rige la Secretaría de Educación a nivel nacional, resulta que cada entidad federativa impone reglas pactadas entre autoridades locales y el poderoso sindicato que pese a la división -masculino y femenino- es uno de los más grandes del mundo. Sindicato, por cierto, que ha tenido dirigentes legendarios entre los que resalta “la maestra” Elba Ester y su antecesor y maestro en muchas artes Carlos Jongitud Barrios. Ambos nos demostraron que ni el sector educativo se salva de esos sindicalistas que aprovechan su puesto para hacer de las suyas, lo que en este país significa enriquecerse brutalmente. Y a propósito, otro de los maestros reconocidos ya a nivel mundial es Humberto Moreira, cuya carrera política partió de la docencia y terminó en la indecencia.

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