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Hasta la cocina 11-May-2016

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* LABERINTOS DE JUSTICIA

La violencia en contra del género no es sólo la que lleva a ultimar, a asesinar, a violar a una mujer, sino lo que antecede a ese que sería el último eslabón de la cadena de la violencia. La Procuraduría de Justicia del Estado señala e invita a denunciar “delitos” específicos en contra de la mujer. Pero puede adivinarse el destino de la denuncia, especialmente en el caso de que el compañero sea el victimario.

La vida de esa mujer será doblemente infernal en tanto la PJ actúa. El camino legal es laberíntico y prolongado per sé y se vuelve intransitable para quien vive en un entorno violento. El sistema judicial no ayuda. Recientemente salió a luz el caso de un marido que asesinó a su mujer a causa de un pleito de pareja: el malnacido recibió una sentencia de seis años y medio de prisión. Y eso porque lo “pescaron”, después de casi tres años de ser un alegre prófugo de la justicia. Pero no vayamos a esos extremos en los que las mujeres son víctimas de ese nuevo término que llaman feminicidio.

Véase el altero de expedientes que acumulan los tribunales, como los casos de separación de parejas en las que las mujeres en tal situación pasan meses, años, en la reclamación del sustento de sus hijos, enfrascadas en costosos juicios en los que cada “victoria” le significa un revés del contrincante, quien simplemente decide castigar a la mujer sin importarle además el que sus hijos se hundan en la miseria. En estas circunstancias, y peor aún si el hombre es económicamente solvente, se prolongan por años casos que deberían resolverse en el acto de presentar la solicitud de separación, cuando el juez determina la pensión de acuerdo a derecho.

Lo peor es que eso suele ocurrir en breve plazo, pero como el individuo no paga la pensión, el litigio se prolonga en tanto el personaje inventa empobrecimiento súbito, y tramita recursos que podrían considerarse para deficientes mentales y lo que es más: se escuda en la ley para no pagar lo que el juez dictamina. Inverosímil, pero la ley permite que eso ocurra, pese al desgaste físico y emocional que padece una mujer que no tiene posibilidad de mantener a los hijos porque en esas circunstancias ni siquiera puede trabajar.

NADIA PIEMONTE/MH

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