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Hasta la cocina 09-May-2016

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* PRELUDIO DE DÍA DE MADRES

Decía un maestro universitario que el peligro real de la violencia es que se “naturalice”, que llegue a verse como algo natural, que se vuelva parte de nuestras vidas, que domine las conversaciones, que los niños pregunten sobre los hechos violentos de los que escuchan o que ven en los medios electrónicos.

Pero si eso concierne a la violencia en general, hay una rama de la que se está haciendo conciencia hace tan sólo pocos años y estaba tan “naturalizada” que se convirtió en costumbre, como si fuese parte de nuestra cultura. Se trata de la violencia en contra de la mujer y de los niños y niñas. Esa violencia específica en contra del género y de los niños, es decir, el fruto directo de las mujeres como madres, ha alcanzado grados intolerables en una sociedad que se dice moderna.

Sin embargo, es una perversidad no sólo tolerada, sino que, como señalé, pasa casi desapercibida de tan frecuentemente ejercida, y es poco lo que se hace para evitar que siga ocurriendo. Podría parecer injusto decir que “poco” se hace. Se han creado instancias oficiales, institutos específicos, de hecho el propio gobernador Graco Ramírez ha enviado al Congreso muchas iniciativas de ley con miras a mejorar la situación.

Pero algo atora el curso de esas iniciativas. De ahí que las instancias creadas funcionen a trompicones. Además, sabido es que hay leyes, pero en este país suelen no respetarse. Así las cosas y en tanto sigamos creyendo que la violencia en contra de la mujer y de los menores es algo “natural”, una buena parte de la población vivirá frustrada y en condición de esclavitud.

Escuchar las palabras de las autoridades que hacen discursos sobre la violencia en contra de la mujer por supuesto que provoca una sensación de esperanza, pero lo que no se vislumbra es una actitud coherente con esos discursos que al final de cuentas se van perdiendo. Muchas de esas voces, además, llegan a la estridencia cuando los candidatos andan en busca del voto femenino y se apagan conforme van estableciéndose en su coto de poder, para retomarse cuando la ocasión lo amerita, como pueden ser los “días” dedicados a la mujer, a los niños o a la madre. No más… habiendo tanto por hacer y de tanta urgencia.

NADIA PIEMONTE/MH

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