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CRISIS DE BASURA: AMENAZA LATENTE

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Para que tengan ustedes –gentiles lectores- una idea sobre cómo se encuentra la problemática de recolección, traslado y confinamiento de la basura en Cuernavaca, recordaré lo ocurrido el 18 de agosto de 2016 en el centro de transferencia de basura ubicado en la colonia Lázaro Cárdenas, al sur de la zona identificada como El Polvorín, desde luego en Cuernavaca.

Luego de un bloqueo ciudadano en la avenida Estado de Puebla, el Ayuntamiento envió a una comisión de funcionarios para entrevistarse con los líderes y convencerlos de abrir esa arteria a la circulación vehicular, mientras buscaban una solución de fondo al conflicto.

Se estableció tras una mesa de diálogo realizada el mismo día 18 de agosto de 2016 en instalaciones de la Secretaría de Obras y Servicios Públicos Municipales donde, entre otras cosas, la comuna se comprometió a las siguientes acciones: el 19 de agosto iniciaría el bacheo en dicha avenida y se haría un estudio de mecánica de suelo. Y en un mes habría otra reunión con los representantes de los vecinos para evaluar los avances.

Por su parte, la empresa operadora del tiradero, representada por Daniel Miranda Mojica, se comprometió al barrido manual, al bacheo superficial para la mitigación del lodo que originan los camiones recolectores, y en octubre se haría la pavimentación con mezcla asfáltica. Asimismo, la empresa (otrora filial del Grupo SIREC) gestionaría ante el gobierno estatal la reubicación total del centro de transferencia, a fin de que no quedara dentro del área urbana. El 19 de septiembre se mostrarían los avances al respecto.

Pero nada de aquello se cumplió. El gobierno municipal y los empresarios contravinieron lo prometido, siendo así como los ciudadanos afectados por el vertedero interpusieron una queja en la Comisión de Derechos Humanos de Morelos (CDHM), ejecutándose en el sitio una diligencia el 10 de febrero de 2017.

Los visitadores confirmaron las irregularidades y la CDHM emitió a comienzos de junio de 2017 una recomendación al Ayuntamiento proponiendo varias medidas de mitigación de la problemática, pero aquello tampoco se cumplió. Fue así como el “ombudsman” morelense amenazó con iniciar otras medidas legales frente a ese desacato.

Y así llegamos al 29 de junio del año pasado, cuando la Comisión de Derechos Humanos de Morelos informó que el municipio aceptó aplicar las recomendaciones propuestas para mejorar el centro de transferencia, donde a diario se reciben entre 250 y 300 toneladas diarias de residuos sólidos y una cantidad indeterminada de grandes vehículos recolectores que mantienen dañada la avenida Estado de Puebla, amén de la pestilencia diaria.

Es importante subrayar que ese vertedero se convirtió también en receptor de la basura de otras localidades, verbigracia Jiutepec. Y muy recientemente la situación de contaminación se agravó con la disminución de operaciones por parte de la empresa prestadora del servicio de limpia, ante la falta de pago de alrededor de 40 millones de pesos que le adeuda el Ayuntamiento. A eso se debe la acumulación de basura en infinidad de calles y avenidas citadinas.

Este lunes hubo un nuevo bloqueo en la avenida Estado de Puebla afuera del centro de transferencia, por la problemática no resuelta. Para destrabar el conflicto acudieron algunos representantes del municipio a prometer que este miércoles a las 10 horas se realizará oootro encuentro de autoridades del Ayuntamiento, representantes de derechos humanos, de la empresa recolectora y los ciudadanos inconformes, a fin de determinar la solución al conflicto, o volverán a impedir el acceso de los camiones recolectores.

Es obvio inferir que la parte directamente involucrada, es decir la comuna cuernavacense y los empresarios que rentan el predio del centro de transferencia para depositar ahí la basura y luego llevársela a su confinamiento final en Cuautla (ese es otro tema de conflicto), no tienen la solución definitiva. Mientras los resolutivos se postergan y solo se presentan promesas, la contaminación crece. Esto se ha acentuado durante los tres meses pasados, cuando comenzó a gestarse en Cuernavaca una nueva crisis de la basura. La que vimos los cuernavacenses en 2006 no ha concluido. Y ya estamos a más de una década de distancia.

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