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Columna Con/SinSentido 30-Abril-2016

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Niñez entrampada

El problema no es que poco más de la mitad de los niños y adolescentes en México vivan en condiciones de pobreza. El problema es que sus posibilidades para abandonar tal condición en algún momento de sus vidas, son mínimas. 

Escapar de las garras de la pobreza exige herramientas que la sociedad mexicana ofrece de manera muy mezquina a los menores de edad que han nacido en esa condición: Nutrición, salud, educación y capital relacional. Para aquellos que inician su vida, sobre todo en extrema pobreza, dichos elementos llegarán a cuentagotas. Su desarrollo, por tanto, será insuficiente. 

Se trata de una especie de condena inmerecida, que prácticamente determina el futuro de los pequeños por el “desatino” de haber nacido en una familia pobre. Y si bien hay casos excepcionales que eliminan el carácter fatal de ese destino, estos no alcanzan para pensar que está en las manos de cada quien su posibilidad de progresar en la vida. 

Lo más grave del asunto, es que se sigue pensando que el problema se resuelve con programas asistenciales, pese a su reiterado fracaso. Lo que se necesita no es combatir la pobreza sino las condiciones que posibilitan ese fenómeno. Por ejemplo, los esfuerzos educativos más intensos deberían realizarse en los sectores de mayor marginación. 

Los niños nacidos en hogares más pobres, deberían estar en la posibilidad real de asistir a escuelas diseñadas, precisamente, para dotarlos de capacidades directamente vinculadas con su condición, que partan del reconocimiento y problematización de su realidad, y concluyan con destrezas relacionadas al autoempleo y el desarrollo endógeno y solidario.

Quienes han nacido en condiciones de pobreza, necesitan entender que su realidad se puede transformar en la medida en que, de manera colectiva, quienes están en situaciones similares pueden articularse para poner sus capacidades individuales al servicio de los que son como ellos. Lamentablemente allí, en donde estudian los más pobres, se siguen las mismas lógicas individualistas que promueven que cada quien se “rasque como pueda”. Para colmo, el sistema de educación mal copiado que hay en México, se encarga de “cortarles las uñas”. 

Es lamentable saber que, habiendo caminos alternos al asistencialismo, éste no será abandonado porque quienes toman las decisiones de política pública – y quienes aspiran a tomarlas, anunciándose como “la esperanza” – no ven en los pobres sino votos; carne electorera que se consume poco a poco. Por eso los sostienen vivos, para preservar su única utilidad. 

La niñez en México, al menos una parte de la misma, está entrampada. Sus captores, sin pudor, hoy los “festejarán”. 

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