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Cuernavaca, en el olvido

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Transeúntes, vendedores ambulantes y fijos hablan sobre el deterioro que han visto con los años

La eterna primavera de Cuernavaca se encuentra en decadencia, al menos es lo que Víctor asegura desde la terraza de un café de la zona centro. “Ojalá la gente que nos visita pudiera ver sólo lo que observamos nosotros en este momento: Plaza de Armas, Palacio de Cortés, Jardín Juárez, plazas comerciales y calles bonitas; pero sabemos que detrás de todo eso hay un panorama distinto y el turismo también se da cuenta”, señaló el profesionista de 59 años de edad.

La familia de José María se dedica al comercio informal desde hace cinco años, hace dos que él atiende uno de sus puestos. El joven de 22 años instala todos los días su mercancía en la calle Matamoros, alrededor de las 09:00 horas comienza a colocar la ropa que oferta y a animar a la gente a comprarla.

Él, como muchos otros comerciantes ambulantes, dice tener una buena relación con el ayuntamiento de Cuernavaca, por lo que no temen ser retirados del lugar, a pesar de no tener un local establecido. En Cuernavaca los comerciantes informales tienen permiso para realizar esta actividad, sin embargo, no se cuenta con los espacios adecuados, pues las calles son angostas y esto mismo ocasiona que la gente que por ahí transita se sienta invadida, vulnerable.

“Hay gente que algunas veces pasa molesta y nos tira las cosas a propósito o nos insulta, sólo por hacer nuestro trabajo; nosotros no tenemos la culpa, estamos tratando de sacar para el pan de cada día, como todos, sólo que a nosotros nos tocó en la calle”, explica el joven vendedor. Hace 20 años, Carlos -que hoy tiene 44 años de edad- comenzó a recorrer el centro histórico con una tina llena de tortas, que él mismo prepara, sabe de memoria cada rincón del centro y asegura que nunca había visto una situación como la actual.

“Yo he visto más deterioro que evolución en estas calles que están llenas de baches, aquí el tráfico está cada día peor, la contaminación ahora sí se siente en serio. Como sociedad no tenemos cultura, no cuidamos el ambiente, y el ayuntamiento tampoco hace el trabajo que le toca, porque por donde veas hay basura, a esta ciudad le hace falta que la cuiden”, explica al tiempo que saluda con camaradería a transeúntes y compañeros de venta. Cuernavaca luce desgastada, las calles en mal estado, las constantes fugas las convierten en ríos de suciedad, negocios semifijos mal colocados y la impresión de estar en dos mundos distintos: la zona turística y la comercial. La basura acumulada habla por sí sola.

El progreso se queda en intento y remite a un ambiente hostil, de olores desagradables, de fachadas sucias y gente enojada con el transporte, que no respeta al peatón, que no ofrece el servicio correcto y ocasiona el tránsito lento, casi imposible en las calles. “A nosotros, como negocio, nos beneficia que por aquí pasen las rutas, así la gente nos ve, le quedamos de paso, además ya nos acostumbramos, como la mayoría de los que trabajamos o pasamos por aquí, aunque la verdad sí está dura la suciedad”, aseguró Salvador, zapatero desde hace 13 años. “Aquí a las autoridades parece que no les importa, no retiran los negocios que estorban, no controlan la circulación, no hacen nada. Aquí cada quien trabaja para lo suyo, pero hace falta que alguien ponga un alto, para que sea sin afectar a los demás”, reitera el responsable de una de las zapaterías más populares de la zona.  El desorden en las calles de la capital es obvio y, sobretodo, un problema.

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