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Cuernavaca, un tianguis caótico

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Los tianguis son, desde la época prehispánica, pieza clave para el comercio y el intercambio de servicios, por lo que han sobrevivido a través del tiempo y tomado fuerza en número y extensión, sin embargo, con el paso de los años estos han sido corrompidos por malos manejos e irregularidades en su oferta, razones que han orillado a que hoy sean dentro de la mancha urbana, un espacio de caos colectivo para la ciudadanía.

En Cuernavaca existen por lo menos 49 tianguis y mercados sobre ruedas, son las colonias Antonio Barona, Flores Magón, Satélite y Ciudad Chapultepec, las que concentran el mayor número de tianguis, con tres cada una; en segundo lugar están Tlaltenango, Lázaro Cárdenas, Chapultepec, Santa María, Plan de Ayala, Chamilpa, Lomas de Ahuatlán, Carolina, Buena Vista y Lomas de Cortés, con dos tianguis.

Cada uno de los tianguis localizados dentro del municipio tiene calendarizado un día para operar, por lo que en los siete días de la semana es posible localizar alguno abierto, dependiendo de las reglas de la Unión de Mercados.

De acurdo con datos de la Unión de Mercados Públicos del Estado, en algunos de ellos, no hay una agrupación ni representante porque la ayudantía municipal donde se ubican es la que ejerce control sobre ellos.

Aunque estos mercados tradicionales han evolucionado en forma y contexto social, actualmente se han convertido en un factor de riesgo para la ciudad por los múltiples negocios que ofertan alimentos y violan las normas de seguridad necesarias, como el caso de la colocación de tanques de gas expuestos al público, y la severa contaminación que representan estos puestos ambulantes, que al ser retirados dejan una estela de basura y suciedad que permanece ahí el resto del día o incluso varios días.

Otro factor negativo es la inseguridad que se vive dentro de las filas de puestos que pueden extenderse hasta por tres o cuatro cuadras de las colonias y donde cientos de personas toman en control de las calles afectando la vialidad y el tiempo de traslado en la zona.

Tianguis, expendio

de la delincuencia

Para nadie es un secreto ni representa sorpresa, la venta de fayuca y artículos robados en los tianguis, donde a diestra y siniestra se ofrecen productos de todo tipo ya sea de medio uso o nuevos, que los comerciantes compran para luego revender a costos mucho más accesibles de los que normalmente tienen en el mercado.

Aparatos electrodomésticos como pantallas, videojuegos, celulares, hornos de microondas e incluso muebles, son los objetos más comunes que la gente puede adquirir en estos sitios donde la procedencia de los productos es desconocida pero tiene algo en común: la impunidad. Todos los artículos son entregados sin facturas, instructivos o cajas de empaque. En ningún aparato ofrecen garantía, pues debido al giro de estos negocios, no hay cambios ni devoluciones una vez salida la mercancía.

En ese sentido, aquellos clientes que se vean involucrados en un problema legal al no poder demostrar la propiedad de los objetos que adquirieron en un tianguis deben asumir la obligación de regresar los productos, si es que no desean enfrentarse con las autoridades.

Aunque los locatarios pagan una cuota establecida por colocar sus lonas, cobijas o cartones en los que ofrecen su mercancía, que puede variar entre los 20, 40, 150 y hasta mil 500 pesos, dependiendo del espacio que ocupen y la mercancía que ofrezcan, no existe autoridad municipal que regule la legalidad de estos productos y que garantice la calidad en cuanto a higiene, en los últimos años casos especiales, como la ropa llamada “de paca” ha cobrado gran popularidad por su bajo costo ya que existen prendas para todos los gustos y presupuestos: de 5, 10, 20 30 y hasta 100 pesos dependiendo del estado en el que se encuentren y la marca.

No se tiene constancia de que existan regulares visitas de inspectores de salubridad que descarten que sus prendas no están infectadas de ácaros, hongos o de cualquier infección que provoque un daño a la salud de quienes la portan.

Pese a las constantes advertencias y lo grave del asunto, la gente, sin importar la edad y en algunos casos el poder adquisitivo, recurre a estos lugares a revolver entre los cientos de prendas para llevar consigo la que mejor le acomode a su gusto y bolsillo.

Por otro lado y no menos preocupante, la piratería prolifera en estos lugares, donde se puede encontrar clones de todo tipo de marcas ya sea en accesorios, ropa, calzado, y, por supuesto, las tradicionales películas en DVD y música en CD’s que pueden costar hasta cinco pesos por unidad.

La inseguridad no es menos frecuente dentro del caos de la compra-venta, pues en la mayoría de los tianguis se presentan casos de asaltos, robos a mano armada, o personas que toman por sorpresa a quienes buscan sus productos despojándolos de sus pertenencias sin que siquiera se percaten; en contraparte a esto, no hay presencia de elementos de seguridad municipal que auxilien a quien presente algún caso como los mencionados.

La presencia de lo anterior y su considerable aumento es el reflejo de la complicidad entre autoridades, comerciantes, clientes y los comités, pues el comercio irregular es ya un negocio redondo debido a que los vendedores no cuentan con un local establecido y no son obligados a pagar la renta de un inmueble con los servicios de luz y agua.

Por el contrario, sólo trabajan bajo cuotas voluntarias o las tan conocidas “mordidas” o pase de lista de inspectores de los ayuntamientos locales: los que venden más tienen que darle ‘pase’ al inspector, teniendo que cooperar algunas veces con hasta el 30 por ciento de la venta, hechos por los que Cuernavaca se transforma en un completo tianguis itinerante que recorre colonia a colonia, cada día de la semana.

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