Esta maldita pobreza

COLUMNISTAS_HUMBERTO FERNANDEZ

¿Sabes si eres pobre? Tradicionalmente, la pobreza se mide en función de un ingreso promedio debajo del cual deja de ser posible adquirir los productos y servicios designados como “básicos” por un gobierno. Es decir, debajo de cierto nivel de ingresos, se está debajo de la línea de pobreza. Sin embargo, esta métrica es poco confiable por dos motivos; el primero es que el gobierno en cuestión puede ejercer presión sobre la línea de pobreza para “forzar” que un número mayor de su población esté por arriba y que las estadísticas no sean tan alarmantes y, el segundo, es que simplemente no es posible medir la pobreza en función de un ingreso, lo verdaderamente relevante es determinar qué productos y servicios se pueden adquirir con este ingreso, la calidad de vida que se puede obtener a partir del mismo y, entre otras, la distancia que separa al más pobre del más rico, es decir la brecha económica.

Melinda Gwin es una experimentada economista que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el fenómeno de la pobreza. Ella publicó recientemente un test para poder determinar si alguien es pobre o no en las Américas y, a continuación, les comparto algunas de las preguntas del cuestionario:

¿Tienes goteras o humedad y lo toleras?

¿Sólo compras una computadora nueva cuando la vieja se descompone y no es posible repararla?

¿Tu primer impulso cuando algo se rompe es arreglarlo tú mismo?

¿Limpias y reutilizas platos y recipientes desechables?

¿Tu automóvil tiene más de 10 años?

¿Usas ropa adquirida en bazares de segunda mano sin un sentido de ironía?

¿Varios miembros de la familia duermen en la misma habitación?

¿Calificas para recibir asistencia social o ayuda del gobierno?

¿Tienes deudas que adquiriste para resolver alguna necesidad?

¿Evitas ir al médico porque te resulta caro?

Bien, si contestaste afirmativamente a una o varias de las preguntas anteriores, es muy posible que seas pobre, aun cuando para las métricas nacionales estés por encima de la línea de pobreza. Para expresarlo de una forma más integral, la pobreza no se trata de cuánto ganas, sino de la calidad de vida que puedes ofrecerle a tu familia con tus ingresos. Por otra parte, es natural que la gente NO quiera sentirse pobre, al percibirlo como algo peyorativo u ofensivo; pero la realidad es que hay muchas formas de ser pobre, y perfectamente se puede pertenecer a una clase media o alta intelectual, al haber recibido educación formal o mediante la autodidaxia, y también encontrarse en la pobreza económica en virtud de la calidad de vida. El caso inverso también es común, en donde formar parte de la clase media o alta económica no garantiza que no se tenga una precariedad intelectual terrible.

La lucha por la movilidad en las clases sociales ha sido, históricamente, uno de los motores más poderosos de cambio. Los que padecen siempre han aspirado al bienestar, y los que viven precariamente siempre han aspirado a tener más; sin embargo, la precondición siempre ha sido cobrar consciencia de la propia situación, lo que me lleva a las preguntas: ¿es posible que estemos ocultando detrás de nuestros iPhones y nuestras bolsas Louis Vuitton piratas la verdadera esencia de nuestra situación económica? ¿Es factible que nos estemos aferrando a querer integrarnos a un estrato al que no pertenecemos solo por orgullo y una ilusión de dignidad? Y, para terminar, ¿Es posible seamos nosotros mismos los que estamos deteniendo la revolución por no querer tomar consciencia de nuestra verdadera situación? ¡Suerte!