SE VISLUMBRAN PROCESOS TENSIONADOS EN MORELOS

/ Por
Aumentar tamaño de texto
A A =

Joan Prats, director del Instituto Internacional de Gobernabilidad con sede en Cataluña, España, es experto en gobernabilidad y desarrollo institucional. A él atribuimos las siguientes consideraciones sobre los cambios democráticos en América Latina:

“La gobernabilidad democrática es la construcción de una cultura cívica que no se agota en los valores de eficiencia, productividad, competitividad y realización individual, sino que abraza otros como los de solidaridad, convivencia, compasión, igualdad, dignidad y libertad, traducidos en proyectos personales integradores de un sistema de deberes y de un sentido de responsabilidad por la comunidad”.

Agrega lo que interesa a Morelos, a raíz del reciente proceso electoral, donde la alternancia del poder y el supuesto cambio democrático están gestando un escenario de conflictos, incertidumbre y retroceso:

“La reforma institucional que el desarrollo exige -y constituye el objeto de la política- es un proceso extraordinariamente difícil porque supone cambios en los actores, en las relaciones de poder y en los modelos mentales”.

“Es un proceso de aprendizaje social normalmente tensionado porque, aunque se traduzca en beneficios para el conjunto de la sociedad, está lleno de incertidumbres y esfuerzos costosos para los ganadores y de sacrificios inevitables para los perdedores”.

Prats cuestiona además los procesos reformistas, así como las conductas desleales de las oposiciones dentro de los sistemas parlamentarios, en cuyo cajón de los recuerdos permanecen las buenas intenciones por superar la problemática social:

“La simple reforma legislativa no garantiza el enraizamiento del cambio institucional si no va acompañada de un cambio en las actitudes, valores y competencias sociales capaz de insertar en la cultura política las nuevas reglas”.

Hasta aquí las reflexiones del ideólogo catalán.

El proceso democrático que los morelenses acabamos de experimentar, por lo tanto, propició ganadores y perdedores… temporales en la medida en que determina quién habrá de ejercer el gobierno durante cierto periodo y quiénes permanecerán en la oposición.

Sin embargo, durante casi todo el lustro anterior los morelenses no percibimos a una oposición leal al régimen democrático, estableciendo compromisos para participar en el proceso político, elecciones y actividad legislativa sin condicionar su participación al cumplimiento de otras cuestiones más allá de la garantía de las libertades civiles necesarias para el desarrollo de un proceso político democrático razonablemente justo.

A la oposición tampoco se le ha notado con voluntad de unirse a fuerzas ideológicas diferentes, e incluso distantes, pero comprometidas a conservar el orden democrático, la gobernabilidad y diseñar proyectos comunes de beneficio general, aún si ello implica distanciarse de grupos afines ideológicamente, pero contrarios a la democracia.

UN CONTEXTO ENVILECIDO

A juzgar por lo que se observa, el escenario político de Morelos se encuentra envilecido y complicado, porque no aparecen todavía en el horizonte signos de tolerancia hacia quienes resultaron perdedores durante la alternancia. Y eso que los ganadores ni siquiera han tomado posesión de sus respectivos cargos.

El proceso electoral del pasado 1 de julio ya casi es historia. De aquellos comicios emanaron quienes estarán adscritos a la LIV Legislatura local e iniciarán funciones el primero de septiembre del presente año. Y también fueron electos los 33 presidentes municipales que rendirán protesta el 1 de enero de 2019.

Junto con quienes conformarán el Poder Ejecutivo morelense y los más altos representantes del Poder Judicial y de las instituciones electorales, todos deberían participar en la reforma institucional exigida por la ciudadanía morelense, la cual no puede hacerse por mero voluntarismo político o cambios planificados, ni por decreto.

Lo que está en juego son las reglas estructurales de la acción colectiva, nuevos modelos mentales, valores, actitudes, capacidades y equilibrios de poder.

Las nuevas correlaciones de que depende dicho cambio institucional serán excesivamente complejas mientras los actores políticos no comprendan que las sociedades más exitosas en términos de desarrollo consiguieron crear las condiciones del cambio institucional permanente a través de acuerdos y compromisos.

Quienes se nieguen a lo anterior estarán condenados a repetir la historia muchas veces constatada por la ciudadanía local: escenarios de confrontación, con procesos extraordinariamente difíciles para los actores involucrados.

Se obstruirá de nuevo el desarrollo económico y habrá tensión social, prevaleciendo la incertidumbre. Por un lado se situarán quienes aún se proyectan como ganadores, pagando un alto costo de desasosiego, fundamentalmente porque carecerán de recursos para moverse. Y por el otro veremos a los perdedores, con sacrificios inevitables.

Hoy lo que percibimos es intolerancia, ansia revanchista, soberbia y mucha, muchísima incapacidad para la gobernanza.

Loading...