lunes, 26 agosto, 2019
Punto y Aparte

La mentira, en campaña

La obra capital de Juan Ruiz de Alarcón, ni duda cabe, fue “La Verdad Sospechosa”, escrita entre 1618 y 1621 antes de la muerte del rey Felipe III. Su texto definitivo apareció en la segunda parte de las comedidas alarconianas, en 1634. Tiene como escenario principal Madrid, donde el mentiroso Don García conoce a Jacinta y a Lucrecia. El personaje principal está enamorado de doña Jacinta y, a fin de ganársela, inventa toda una red de mentiras que dan sentido a la historia. Al final, Don García reconoce sus errores y recibe un merecido castigo por sus embustes. A continuación, transcribiré algunos pasajes, importantes para nuestro tema de hoy, que tienen estrecha relación con la mentira, utilizada hoy en día hasta el exceso por algunos políticos, politicastros, politiqueros y politiquillos.

Dice el letrado con referencia al mentiroso Don García: “No trato de las pasiones propias de la mocedad, porque, en ésas, con la edad se mudan las condiciones. Pero una falta nomás es la que le he conocido, que, por más que le he reñido, no se ha enmendado jamás”. Y, curioso, le pregunta el viejo Beltrán: “¿Cosa que a su calidad será dañosa en Madrid?”. “Puede ser”, añade el letrado. “¿Cuál es? Decid”, vuelve a inquirir Don Beltrán.

Y viene entonces la parte medular de la obra cuando el letrado contesta: “No decir siempre verdad”. Don Beltrán: “¡Jesús! Qué cosa tan fea en hombre de obligación”. Letrado: “Yo pienso que, o condición, o mala costumbre sea. Con la mucha autoridad que con él tenéis, señor, junto con que ya es mayor su cordura con la edad, ese vicio perderá”. Don Beltrán: “Casi me mueve a reír ver cuán ignorante está de la corte. Luego acá, ¿no hay quien le enseñe a mentir?”. Etcétera, etcétera.

No hay duda: Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, México, 1580 o 1581- Madrid, 4 de agosto de 1639) expuso en “La Verdad Sospechosa” un modelo de la mentira como patología. La tendencia del mentiroso, pues, lleva a desfigurar, engrandecer la realidad de lo que dice, distorsionar la propia idea que tiene de sí mismo, etcétera. Llega realmente a creerse sus historias y establece una gran distancia entre la imagen que su mente supone y la imagen real. Muchos famosos han sucumbido ante esta dicotomía… incluyendo entre ellos a los políticos.

Existe otra obra que nos ayuda a entender el origen cultural de los mentirosos. Se trata del libro “Profecías y Mitos en la Historia de México”, del historiador inglés David A. Brading (Fondo de Cultura Económica, 2004). La premisa del libro es que en México la historia está mezclada con el mito. Desde los mexicas hasta los historiadores contemporáneos de la Revolución, los mexicanos utilizamos la historia como un arsenal de mitos que son argumentos políticos. Etcétera. Y ahí vienen de nuevo, rumbo a 2018, con toda una cauda de mentiras. A ver de a cómo y cuánto nos toca.

 

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