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Desmemoria de políticos

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Cuauhtémoc Blanco Bravo, presidente municipal de Cuernavaca, asistió puntual al desayuno convocado anteayer por el obispo Ramón Castro en el restaurante “Rincón del Bife”, donde se dieron cita otros seis aspirantes a la gubernatura, a quienes describí en la columna anterior. No repetiré sus nombres porque es lo que desean: publicidad, a fin de ganar rentabilidad electoral rumbo a los comicios del año próximo. Por eso decidieron montar su nuevo show en un establecimiento tan concurrido. Y ahí, sintiéndose político profesional, se encontraba el ex futbolista metido con calzador en 2015 a la vida pública local, acompañado por su inseparable cancerbero, José Manuel Sanz Rivera, secretario técnico del ayuntamiento.

Al ver las fotografías en las que aparecieron ambos personajes me hice las siguientes preguntas, gentiles lectores: ¿Es tanta la desmemoria de los morelenses como para olvidar que Blanco y Sanz quebrantaron las constituciones federal y estatal en aras de obtener siete millones de pesos del PSD? ¿Ha quedado borrado el hecho de que Blanco se alquiló para perversos fines electorales, falseando su residencia en nuestra ciudad, gracias a lo cual obtuvo su credencial para votar, colocando en ella la dirección de la señora madre de los hermanos Julio y Roberto Yáñez Moreno? ¿Acaso nadie recuerda que el Congreso de Morelos encontró, debido a lo mismo, causales para destituirlo? ¿Se observan con indiferencia las veces en que la Fiscalía Especializada para Delitos Electorales de la PGR (Fepade) ha ejercido acción penal contra el “Cuau”, simple y sencillamente porque es un delincuente electoral (junto con Sanz)? ¿Los politiquillos y politiqueros que estaban sentados a la misma mesa -alrededor del pederasta mayor- suponen que esa institución federal quitó el dedo del renglón, lo cual no ha sucedido? ¿Son tan indignos como para proyectar tales niveles de amnesia?

Queda claro que Cuauhtémoc Blanco es objeto de una de las más grandes manipulaciones de que he sido testigo en mi carrera periodística. Pobre cuate. A estas alturas del juego, por dignidad, debería agarrar sus tiliches y regresarse a su magnífica residencia situada en la Cerrada Malta 10, Fraccionamiento Lomas de Angelópolis, en Puebla. Causa pena ajena ver también a José Manuel Sanz, su antiguo manejador deportivo, sintiéndose gran político de Morelos, cuando carece de legitimidad siquiera para estar en la nómina municipal. Su carta de naturalización mexicana deja mucho que desear, y su nacionalidad norteamericana le impide trabajar para el ayuntamiento. Y aunque ha manifestado que llegar a la comuna cuernavacense junto con Blanco ha sido el peor negocio de su vida, ahí sigue, pegado a la ubre presupuestal para conseguir lo que tanto le gusta: el dinero fácil. Pero todo esto, amables lectores, no es importante para quienes fueron convocados al “Bife” por Ramón Castro. El propio prelado es indigno de estar en nuestra entidad. Luego le explico por qué.

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