domingo, 25 agosto, 2019
Opinión Punto y Aparte

LA PERCEPCIÓN DE INSEGURIDAD

El Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados (federal) difundió en 2016 una investigación titulada “Sensación y percepción de inseguridad pública”.

En México el rápido crecimiento de la incidencia delictiva, en especial a lo largo de la década de los años noventa, transformó a la seguridad en una de las preocupaciones centrales, en parte debido al incremento del porcentaje de delitos que se cometen con uso de violencia.

El CESOP encontró que en 2015, un 44 por ciento de las víctimas de algún delito en nuestro país sufrieron diversos tipos de violencia, y que el uso de armas se había extendido entre los delincuentes.

Hasta ahora, amables lectores, el uso de la violencia ha incrementado la sensación de inseguridad, generando severas consecuencias en la sicología y en el comportamiento de quienes lo sufren.

La problemática afecta también a la ciudadanía morelense, con diferentes formas para percibir la inseguridad pública: 1) Sensación de pérdida de derechos; 2) incremento en los gastos públicos y privados en materia de seguridad; 3) disposición creciente a portar armas; 4) creciente apoyo a la pena de muerte y/o a procurarse “justicia” por mano propia; y 5) incremento en el apoyo a actividades violentas y/o ilegales por parte de la policía.

La inseguridad pública nace de dos fuentes, a menudo complementarias: sensación de temor al enfrentar un peligro imprevisible, e indefensión; esto es, saber que sólo se cuenta con las propias fuerzas para defenderse, porque nadie está dispuesto a protegernos.

El crimen es la principal causa de la sensación de inseguridad, mientras que la negligencia, la incompetencia y la corrupción en el sistema de justicia generan indefensión. He aquí el fondo del problema, amables lectores. La impunidad a su máxima expresión.

La mayor parte de las encuestas realizadas en distintos países del mundo indican que el sentimiento de inseguridad tiene poca relación con el riesgo objetivo o con experiencias anteriores de victimización y que en realidad depende de otros factores entre los que se encuentran: las características y condiciones personales tales como la edad y el sexo; condiciones sociales, como el entorno laboral y el sitio de residencia; redes de socialización y hábitos de vida; tamaño de las ciudades y composición étnica de la población residente; mayor o menor vulnerabilidad al mensaje de los medios de comunicación de masas.

Existe un grado importante de asociación entre los factores demográficos y el temor al crimen: son los habitantes de ciudades, en especial de zonas populares, quienes menos seguros se sienten. En ese sentido, las condiciones socio económicas de los individuos son otro de los factores que influyen en su sensación de inseguridad.

El temor hacia distintos tipos de delitos también varía conforme a las condiciones socio económicos de los individuos. Entre los sectores populares el principal temor es hacia amenazas contra la seguridad física; mientras que entre los sectores de mayores ingresos se teme a las amenazas contra la propiedad.

La edad y el género de una persona también influyen en su sensación de inseguridad. Las mujeres y las personas mayores son quienes se sienten más inseguros, a pesar de ser los sectores que se encuentran en menor riesgo. A este fenómeno se le ha denominado la “paradoja del crimen”; se sienten más vulnerables hacia el fenómeno criminal porque, a las condiciones de pobreza, se suman las percepciones y experiencias con la ineficiencia de las instituciones de impartición de justicia.

El Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad ha documentado (2015) que casi la mitad de la población en todo el país (47%) dijo sentirse insegura en su lugar de residencia. Ante la sensación de inseguridad, casi la cuarta parte de los mexicanos (23%) dice haber modificado su estilo de vida: 61% señaló que evita salir de noche; 44% dejó de llevar dinero en efectivo; 37% optó por no utilizar joyas; 27% dejó de visitar a parientes y amigos que viven lejos de su lugar de residencia; 20%no sale muy temprano; 19% dejó de tomar taxis y 15% evita el transporte público.

Los sectores que consideran a la delincuencia como uno de los principales problemas que enfrenta nuestro país son las mujeres, las personas entre 30 y 40 años, personas con estudios de primaria y secundaria, personas con percepciones mensuales de entre 1 y 3 salarios mínimos, trabajadores del gobierno y trabajadores no asalariados, amas de casa, jubilados, y los habitantes de zonas urbanas del centro del país.

La sensación de inseguridad de los mexicanos también varía de acuerdo al estado en el que se resida. El estudio del ICESI encontró que los estados que experimentan mayor sensación de inseguridad no corresponden de manera directa a los que registran mayor incidencia delictiva, aunque, en la mayor parte de los casos, los habitantes de los estados más inseguros son en general los que sienten mayor temor a convertirse en víctimas de delito.

Entretanto, los datos sobre los agresores indican que 83% por ciento son hombres; 61% jóvenes y 31% adultos; 22% estaba bajo el efecto del alcohol; el número promedio de agresores por delito fue de 2.8 individuos. Sólo 5% dijo conocer al o a los agresores. Luego seguimos con el tema.

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