miércoles, 26 junio, 2019
Opinión Punto y Aparte

LA HUMILDAD DE UN GOBERNANTE

La coyuntura social y política de Morelos, tras las elecciones del pasado primero de julio, es de incertidumbre… para los ganadores y perdedores. Sin embargo, los primeros, en su mayoría adscritos a un partido político (Morena), se encuentran todavía subidos en la cresta más alta de la ola cuyo principal protagonista ha sido y fue Andrés Manuel López Obrador, virtual presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos.

AMLO tomará posesión del Poder Ejecutivo Federal el 1 de diciembre venidero; y más pronto de lo que imaginamos se enfrentará a la realidad significada por la escasez de recursos financieros imaginados y presuntamente destinados a cristalizar todas sus promesas de campaña. Ahí comenzarán los dolores de parto y el crujir de dientes de quienes han considerado a López Obrador como un “mesías”, cuando no lo es.

En iguales circunstancias se encontrarán los mandatarios electos de las nueve entidades federativas en que el mismo primero de julio hubo elecciones estatales. Para el caso de Morelos, los dolores de parto y el crujir de dientes se sentirán en Palacio de Gobierno, pero además en la sede de los 33 ayuntamientos constitucionales.

De octubre a diciembre habrá una realidad económica para Cuauhtémoc Blanco, flamante gobernador electo de nuestra entidad, la cual se exacerbará durante el primer trimestre de 2019, cuando aflorará la insolvencia, no del gobierno estatal, sino del federal, de donde proviene más del 90 por ciento del presupuesto de egresos del gobierno morelense. Al tiempo y lo veremos, como también observaremos y escucharemos a un Cuauhtémoc Blanco culpando de sus nuevas desventuras a quienes concluirán funciones el 30 de septiembre de 2018.

Me parece, pues, que los ganadores deberían estar asumiendo una actitud más humilde, meditando seriamente en que la lucha electoral ya pasó y quedó inscrita en nuestra historia como la de mayor participación social.

Es decir: abandonar la soberbia y asumir una conducta incluyente hacia la búsqueda de acuerdos que garanticen la gobernabilidad y el desarrollo económico de Morelos.

Blanco confía fervientemente en que López Obrador lo sacará de problemas cuando se le presenten, lo cual será con demasiada frecuencia en tanto no consiga dichos acuerdos, sin claudicar en sus principios fundamentales y los de quienes lo impulsaron. Esto, mantener convicciones partidarias, ideológicas y políticas, será difícil para alguien que nunca las ha tenido y quien observa en la venganza y Robespierre los únicos métodos o ejemplos tangibles para comenzar a “chambear” a partir del 1 de octubre.

RECORDANDO A DON LAURO

A continuación recordaré un par de hechos que con gran privilegio viví al lado de Don Lauro Ortega Martínez, gobernador de Morelos en el sexenio 1982-1988, quien es y será recordado como uno de los mejores mandatarios que ha tenido nuestra entidad. Chequen ustedes las lecciones implícitas de humildad, apertura y actitud democrática, nunca de afanes revanchistas, ni expresiones de odio.

Una vez transcurrido el protocolo del “destape” en septiembre de 1981, Don Lauro se aisló varias semanas de quienes integrábamos un reducido grupo de amigos suyos. No supimos de él hasta que nos convocó en un salón del hotel Posada Jacarandas, sito en la avenida Cuauhtémoc de Cuernavaca, para definir parte de la campaña preelectoral.

La mecánica para conformar entonces la Comisión de Prensa y Propaganda de la campaña fue aplicada por Don Lauro para el resto de comisiones.

El asunto, allá y entonces, impactó sobremanera a quienes nos sentíamos agraciados con la postulación del galeno de Xochitepec, sabedores de que “nos la habíamos jugado con él”. Cuan equivocados estábamos, aunque cabe subrayar que todos, absolutamente todos, recibimos una oportunidad para colaborar en el gobierno estatal. Nadie quedó fuera. Y en más de una vez, el doctor Ortega demostró su gratitud.

Cuando uno de sus más cercanos colaboradores leyó el proyecto de conformación de la Comisión de Prensa y Propaganda, conteniendo los nombres de quienes, de alguna forma u otra, formaban parte de un círculo cercano (y cerrado) a Don Lauro, éste sonrió sarcásticamente y, sin ningún empacho, expresó:

– ¿Es todo?

Nadie dijo nada. El doctor Ortega se paró de su sillón, se dirigió a un pizarrón, tomó un plumón y comenzó a preguntar nombres de personas distinguidas, por diferentes motivos o méritos, entre la sociedad local.

Fue así como brotó el nombre del ingeniero Julio Mitre Goraieb, que en ese momento tenía un padecimiento renal y estaba dedicado a atender una sombrerería y una camisería ubicadas en la calle Guerrero del centro de Cuernavaca. Mitre fue director de adquisiciones en la gestión del doctor Ortega y, debido a su compadrazgo con Antonio Riva Palacio López, fue presidente municipal de Cuernavaca en el trienio 1988-1991.

– ¡Excelente!- dijo Don Lauro al escuchar el nombre de Mitre, y agregó:

– Quiero más nombres, más y más. Y anotaba y anotaba en el pizarrón.

Así, poco a poco conformó la Comisión de Prensa y Propaganda con una visión mucho más amplia por parte del futuro gobernador.

De escasos diez o doce nombres se pasó a 40 o 50. Había de todo: de dulce, chile y manteca. Quienes nos la habíamos “jugado” con Don Lauro estábamos atónitos. Pero fue el mismísimo doctor Ortega el encargado de tranquilizarnos, con la siguiente explicación, que lo acompañó durante todo su sexenio:

– Ustedes deben estar seguros de que son mis amigos. Quien me quiera seguir, adelante, pero no puedo estructurar mi gobierno con puros amigos, ni compadres, ni cuates. ¡Hay que abrir el gobierno! No quiero que se repita conmigo lo que le pasó a Bejarano (su antecesor). Además, a ninguno de ustedes le voy a permitir robar. Tómenlo o déjenlo. Ahora es el momento de decidir.

Abrir el gobierno. No cometer los mismos errores del gobernador saliente que, cabe recordar, una vez concluida su administración fue acusado de enriquecimiento inexplicable por la Procuraduría General de la República, ante lo cual se mantuvo prófugo durante varios años. Bejarano no reapareció en la vida pública morelense, sino hasta el periodo de cuatro años de Jorge Carrillo Olea (1994-1998).

Solía decir Don Lauro que “siempre es necesario refrescar el gobierno” para evitar el desgaste. A Bejarano siempre se le cuestionó la importación de todos los miembros de su gabinete legal y el gabinete ampliado, funcionarios públicos improvisados que, una vez terminado el sexenio 1976-1982, en su mayoría emigraron de Morelos, aunque convertidos en nuevos ricos.

Algunos teóricos sobre el reclutamiento de la clase política mexicana han analizado el concepto del personalismo, fenómeno que aún se presenta cuando un gobernante debe integrar su gabinete, recurriendo al nombramiento de gente de confianza, allegados, etcétera, lo cual Don Lauro evitó en todo su gobierno. Libre de prejuicios, dio la oportunidad a personajes importantes, incluso de partidos opositores al PRI, su partido.

A continuación otra historia, de humildad.

Transcurría el año de 1985, cuando Don Lauro me llamó por la línea privada ordenándome que fuera con él de inmediato. Una vez en el interior se encontraba solo, sin la presencia de los famosos “ayudantes”.

– A sus órdenes, señor gobernador.

– Siéntese- me dijo. Y acaté la orden.

De un cajón de su escritorio sacó un periódico local, de cuatro páginas, donde aparecía publicada una nota referente a las propiedades de Don Lauro en Xochitepec.

– Quiero que ahorita me investigue dónde vive este señor- señaló Don Lauro en referencia al director del panfleto.

– Vaya solo. Que nadie lo acompañe. Y luego me avisa.

No fue difícil localizar el domicilio de aquella persona, en la colonia Antonio Barona.

Después de la comida, alrededor de las 17:00 horas, Don Lauro me mandó traer y me preguntó si ya tenía la información. Le dije que sí. Entonces me ordenó que tomara uno de los vehículos que nosotros teníamos asignados y lo estacionara en la puerta 1 de la Casa de Gobierno (por la calle de Jantetelco).

Cuando Don Lauro salió a la calle yo me encontraba al volante del vehículo. Y antes de abordarlo por el lado del copiloto, el gobernador le indicó al comandante de su escolta:

– Permanezcan aquí. No vayan conmigo.

Y entonces nos dirigimos hacia la colonia Antonio Barona, serpenteando varias de las intrincadas calles, hasta llegar a la casa del director de aquel semanario.

Don Lauro descendió del automóvil que después estacioné.

El gobernador tocó la puerta de la casa, la cual abrió una señora casi de inmediato.

Se trataba de la esposa del hombre, a quien Don Lauro le dijo efusivamente:

– ¿Cómo le va? ¿Se encuentra (fulano de tal)?

Visiblemente sorprendida la señora dijo balbuceante:

– Sí señor gobernador, ahorita lo llamo.

El director del semanario apareció, igual de sorprendido que su esposa.

– ¡Señor gobernador! ¡Pase, pase a su humilde casa!

Entramos y Don Lauro se sentó en uno de los modestos sillones de la sala, yendo al grano.

– Oiga, me interesa responderle por la nota que apareció en su periódico. Le faltan datos. Quiero pedirle de favor que me entreviste y publique mi versión.

El director estaba pasmado, y peor se puso cuando el gobernador le expresó:

– A partir de hoy quiero que usted sea mi amigo. Cuantas veces lo requiera vaya conmigo a la Casa de Gobierno o a Palacio. Tendrá las puertas abiertas. Quiero ser su amigo.

– No Don Lauro, de ninguna manera. Y cuente con mi apoyo. Con mucho gusto publicaré esta entrevista.

Sacó una grabadora y empezó a hacerle preguntas al gobernador.

Y efectivamente: unos días después se publicó el semanario, con la entrevista al gobernador como nota principal.

Cuando íbamos de regreso a Casa de Gobierno, le dije a Don Lauro:

– Doctor, ¿no exageró usted poniéndole tanta atención a este periódico, considerando que ni siquiera tiene gran tiraje?

Y el gobernador que entraba y salía de Los Pinos a su antojo me respondió:

– Mire Cinta. Es usted muy joven, pero sépalo de una vez: en la vida y en la política no hay enemigo pequeño.

Punto final.

Una auténtica enseñanza frente a las acciones y omisiones e indiferencia de quienes, en determinado momento, han subestimado a los de enfrente.

La historia política de Morelos está llena de estos errores. Pero ahí vienen de nuevo, cargados con gran soberbia y subestimando a una sociedad tan conflictiva como la nuestra.

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