La cháchara democrática

/ Por
hasta la cocina_NADIA PIEMONTE
MH
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Ya. Que no cunda el pánico.

El dedo señalizador ya está determinado. No se ha dicho aún cuál de los cinco es, porque el sigilo es parte del embrujo en que se quiere envolver todo esto que el dueño de la mano, o séase el Peje, llama pomposamente “democracia”.

Ejemplo visible y palpable de esa democracia fue el dedazo con el que Juanito de Ixtapalapa, sustituyó a Clara Brugada, así como lo escuchamos de atónitos hace tiempo ya, igual de estupefactos que presenciamos todo el show que interpretó el propio Juanito cuando se atrevió a levantar la voz para darse por delegado después de que los seguidores votaron en cascada por el que el dedito había señalado en un ejemplo de democracia sublime.

“Democrática” también fue la encuesta a la que se sometieron recientemente dos que tres morenitos que se la creyeron cuando había que seleccionar “democráticamente” al que el dedo señalara como precandidato a gobernar la Ciudad de México. Lo que no fue democrático, probablemente, fue el entripado que hizo Ricardo Monreal cuando se dio cuenta que la encuesta ni se había tomado en cuenta, ya que el “dedo elector” marcó a Claudia Sheimbaum con el rigor democrático que ya le conocemos al Peje. Es más, al puro estilo de los jurásicos priístas, ni siquiera existen las encuestas de las que tanto se habla y nadie conoce.

¿Qué sentido tendría hacer encuestas, andar por ahí preguntando, gastarse una lana, meterse en algoritmos, si tan sencillo que es tomar decisiones de dedo? Mi abuela, que era muy sabia, decía que se cambia el color del cabello, pero no las mañas, o lo que es lo mismo que gallina que come huevo, aunque le quemen el pico. El mesías de Macuspana que políticamente nació en las filas priístas de antaño, ve pasar el tiempo, pero sigue fiel a sus primitivas costumbres. Y para eso armó su propio partido; para eso se salió primero del PRI donde no le dieron por buena la candidatura para gobernador de Tabasco; luego se alió al PRD donde ganó la elección para jefe del entonces DF y perdió hasta el segundo el piso al caer dos veces en su carrera para la grande. Fue entonces cuando decidió que el PRD no era lo democrático que él necesitaba y le dijo adiós al PRD cargando todo su rencor a cuestas.

De eso a la creación de “su” grupúsculo en donde sólo pudiera escucharse a sí mismo y dónde pudiera ejercer la democracia con su dedo, sólo necesitó un espejo que a diario le respondiera “Tu eres el mejor, tú eres el más sabio, tu eres el más democrático, mi Peje”.

Y ahí andan quienes se creen de encuestas, lo que se someten a los designios democráticos de su dedo incansable, insaciable, incorregible. Aquí también en Morelos, morenitos, pescaditos, trabajadorcitos, andan unos comiéndose las uñas, otros prendiéndoles veladoras al dedo democrático. Y unos, no paran de sufrir.