domingo, 25 agosto, 2019
Opinión Punto y Aparte

CUERNAVACENSES: ¿MÁS PLATOS ROTOS?

A continuación se transcriben los nombres de algunos presidentes municipales de Cuernavaca, a quienes se sumó Cuauhtémoc Blanco el primero de enero de 2016: Felipe Rivera Crespo, Ramón Hernández Navarro, David Jiménez González, Porfirio Flores Ayala, José Castillo Pombo, Sergio Figueroa, Julio Mitre Goraieb, Luis Flores Ruiz, Alfonso Sandoval Camuñas, Sergio Estrada Cajigal, José Raúl Hernández Avila, Adrián Rivera, Jesús Giles, Manuel Martínez Garrigós y Jorge Morales Barud. Desde que inicié mis actividades periodísticas en 1973 casi todos los antecesores de Morales Barud y él mismo tuvieron malas relaciones con los gobernadores en turno.

David Jiménez no recibió apoyo de Felipe Rivera Crespo (1973-1976); Porfirio Flores Ayala (1976-1979) no fue bien visto por Armando León Bejarano (ALB); José Castillo Pombo disfrutó un relativo respaldo de ALB, pero fue poco lo que hizo por la ciudad; luego vino Sergio Figueroa (1982-1985), cuyo paso por el ayuntamiento fue mediocre, sin el apoyo pleno de Lauro Ortega; Juan Salgado Brito llegó después (1985-1988) y fue apuntalado por Don Lauro logrando algunas cosas para la ciudad; en 1988 entró Julio Mitre, cimentado por Antonio Riva Palacio, lo cual se reflejó en cierta mejoría de Cuernavaca, escenario que se repitió en 1991 con Luis Flores Ruiz; llegó 1994 con Alfonso Sandoval Camuñas, más o menos respaldado por Jorge Carrillo Olea. Fue un trienio exitoso y hasta se consideró a Sandoval Camuñas con posibilidades de ser el siguiente gobernador, pero la muerte lo sorprendió siendo diputado federal.

En 1997 arribó Sergio Estrada Cajigal, quien gozó la reforma federalista decretada por Ernesto Zedillo, disponiendo de un presupuesto que le permitió dar a la ciudad el mantenimiento no recibido durante trienios anteriores y la construcción de nuevas vialidades. Del Ayuntamiento brincó a la gubernatura.

Pero Estrada, siendo mandatario estatal, no respaldó adecuadamente a José Raúl Hernández Avila, ni tampoco a Adrián Rivera, a pesar de que ambos eran de su partido. Jesús Giles (2006) no tuvo suficiente apoyo de Marco Adame Castillo (MAC); y en 2009 llegó el priísta Manuel Martínez Garrigós, quien tampoco logró la simpatía de MAC. Sin embargo, Manuel consiguió un crédito que le permitió cierto margen de maniobra, aunque salió cuestionado por el manejo del empréstito. Jorge Morales Barud, priísta, llegó en 2012 sin el apoyo de Graco Ramírez, quien realizó obras en Cuernavaca bajo los auspicios del gobierno estatal. Y en enero de 2016 llegó el “Cuau”, enfrentado con el actual titular del Poder Ejecutivo.

La posición adoptada por el ex futbolista, desde la campaña preelectoral, fue de enfrentamiento con Graco Ramírez y contra el principal círculo de miembros del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Blanco siempre ha culpado a Graco y al gobierno estatal de no dejarlo trabajar, discurso que a estas alturas del gobierno municipal nadie cree.

Y una vez convertido en gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco amenaza con iniciar su gestión administrativa, el 1 de octubre próximo, enfrentado con Antonio Villalobos Adán, presidente municipal electo de Cuernavaca por Morena, mismo partido que encumbró a Blanco a nivel estatal.

Propios y extraños saben que Villalobos no fue respaldado por Cuauhtémoc Blanco, quien a su vez tampoco aceptaba a José Luis Gómez Borbolla. Éste último fue inicialmente el candidato a alcalde, pero por angas o mangas, las instituciones electorales determinaron que el suplente de la fórmula, es decir Villalobos Adán, sería el candidato en los comicios del 1 de julio pasado.

Empero, Blanco buscó incrustar como su candidato al ex árbitro Gilberto Alcalá Pineda, cuya ruta hacia la contienda electoral fue bloqueada por sendos recursos interpuestos en los tribunales electorales.

La frustración del gobernador electo se ha traducido en discursos impugnativos dirigidos hacia Antonio Villalobos Adán, a quien no quiere en la alcaldía de Cuernavaca, vislumbrándose así un periodo aciago para nuestra capital a partir del 1 de enero de 2019.

Asimismo, habremos de ver si Gómez Borbolla interpone o no oootro recurso contra el arribo de Villalobos, no ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sino en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Por su parte, Blanco eventualmente estaría buscando la defenestración de Villalobos manipulando a la mayoría morenista en el Congreso de Morelos, sobre lo cual, inclusive, ya se maneja una terna de “favoritos” del ex futbolista (Gilberto Alcalá, Denisse Arizmendi y Marisol Becerra).

Sobre el escenario probable, también debe destacarse que Blanco deberá solicitar licencia definitiva a más tardar el 30 de septiembre venidero, pues un día después protestará como relevo de Graco Ramírez. Y con la licencia definitiva de por medio, la actual síndico ya no podrá regresar con el carácter de presidenta sustituta, sino el suplente constitucional, Juan Manuel Hernández Limonchi, hombre identificado con los hermanos Roberto y Julio Yáñez Moreno. A él tendría que corresponderle encabezar la administración municipal durante octubre, noviembre y diciembre.

Conclusión: la disputa por Cuernavaca se presenta de nuevo, pero ahora entre quienes fueron proyectos de Morena, a tal grado que el dirigente estatal de ese partido, Gerardo Albarrán, hizo un llamado a Blanco y a Toño Villalobos para “limar asperezas”.

Sin embargo, Villalobos no es el problema, sino el futuro grupo gobernante desde el Ejecutivo morelense. En caso de mantenerse el conflicto con Toño Villalobos, debido al capricho de Blanco por meter a fuerza a Gilberto Alcalá, los paganos de los platos rotos volverán a ser los ciudadanos de Cuernavaca. A ver.

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