Cuernavaca en decadencia

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Aunque por cuestiones que todos conocemos Cuernavaca está ahora en lo que podría considerarse una etapa de decadencia, de descuido, sucia y para acabarla de amolar, sin agua y con el reguero de basura por los inexistentes servicios municipales, nadie duda que es una ciudad con historia y en ella han vivido personajes que han hecho historia y que le han dado lustre y reconocimiento internacional.

Muchos fueron y son los artistas e intelectuales que la han poblado por cortas o largas temporadas y que han contribuido a la cultura de esta ciudad a la que el humanista Alejandro Humboldt bautizó como la de la “eterna primavera”.

Sea o no sea cierto, así se le conoce y hubo un tiempo, a mediados del siglo pasado, por ejemplo, que llegó a ser referente como ciudad con características tan especiales que la hicieron aparecer entre las localidades buscadas especialmente para el disfrute de buen clima y paz.

De hecho, el clima primaveral –de nuevo y siempre el clima— debió ser tan benigno que una de las millonarias de leyenda de otros tiempos, cuando aún no existía el “millonómetro” que inventó en los últimos años la revista Forbes, pasó en las cercanías de Cuernavaca sus últimos años.

Se trata de Bárbara Hutton, quien para instalarse en donde encontrara el mejor clima del mundo, tuvo a bien enviar por el orbe a “buscadores” del climas sobresalientes para el disfrute de la heredera de las tiendas Woolworth, y esos enviados encontraron dos lugares propicios: Jiutepec y otro con cierta similitud climática, en Vietnam.

No fue Cuernavaca, pero sí un lugar adyacente y obviamente la señora –con muy buen tino— se decidió por Jiutepec y ahí fincó esa residencia oriental que posteriormente se convertiría en hotel y aún funciona como tal. Por cierto la residencia con teatro adjunto, se edificó con todas las piezas de su construcción con materiales traídos de Tailandia. Eso, probablemente porque la millonaria le quiso dar gusto al último de sus maridos que era un príncipe tailandés y de seguro sentía cierta atracción por los materiales de su tierra.

Lo bueno es que doña Bárbara pudo darle ese gusto al príncipe oriental si bien él la abandonó poco antes de que la millonaria dejara de serlo y se muriera casi en la miseria, agotada su fortuna en los excesos de una vida loca.

Otra historia de extranjeros que vivieron en Cuernavaca y pasaron de la riqueza a la pobreza, es la de Axel Wennergren y su esposa Margarita, quienes fueron dueños del que hoy conocemos como Raquet Club y de todo el fraccionamiento en el que surgió la colonia Rancho Cortés, además de muchísimas propiedades que tenían no sólo en México, sino en Bahamas y en Suecia de donde Axel Wennergren fue originario.

Pues resulta que él es el fundador de Telmex, al fusionar, allá por los cuarenta del siglo pasado, a las dos empresas que daban servicio de telefonía en el país y se llamaban Telefónica y Mexicana. Axel Wennergren llegó a México en su propio barco, con su esposa Margarita y un grupo de fieles seguidores que decidieron huir de los horrores de la segunda guerra mundial. Sobre este tema, entre la realidad y la leyenda se cuenta que Wennergreen se vio obligado a escapar debido a que había mercado armas tanto para los nazis, como para los aliados, por lo que lo perseguían unos y otros.

El caso es que en tiempos del presidente Avila Camacho, llegó a México y escogió vivir a Cuernavaca donde edificó la casona y en la que se instaló con su mujer Margarita. No tuvieron hijos, pero sí muchos perros que conforme se iban muriendo, los sepultaba en un cementerio que hizo exprofeso en la parte trasera de lo que hoy es el Raquet Club.

A mediados de los sesenta, Axel Wennergreen se murió durante un viaje que tuvo que hacer a Suecia con la intención de buscar a inversionistas para el desarrollo de una enorme zona del oeste de Canadá y sobrevino una quiebra de todas sus empresas mexicanas por lo que los acreedores se fueron sobre sus bienes, incluyendo lo que era su casa de Cuernavaca.

La viuda, Margarita pudo seguir viviendo en la casona que hoy es el Raquet Club, pero pagando una renta mensual. Cuando ella se murió no había dinero ni para pagar su entierro, por lo que la colonia estadunidense realizó una colecta entre sus miembros y aportó lo necesario para velorio y cremación.

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